De colonización a colonización y tiro porque me toca

Los seres humanos deberíamos de sentirnos orgullosos por ser capaces de rectificar en algunos errores del pasado, por reconocer e identificar nuestros fallos, a fin de no volver a repetirlos. Desgraciadamente, no siempre es así.

La oportunidad de viajar, y especialmente de integrarse en el devenir diario de la sociedad que recibe al visitante, permite empaparse de su cultura, su lengua, sus costumbres y su historia. Ésa, que a veces ha sido teñida de un suculento sabor amargo de quimera.

Sin duda, las visiones de un mismo acontecimiento pueden parecer antagónicas dependiendo de quién sea su narrador. Es así como sucede con los relatos coloniales.

Paradójicamente, las enseñanzas que se nos muestran desde la infancia acerca del descubrimiento de América hace cinco siglos, dan a entender la necesidad de llevar la “civilización” a esas tierras vírgenes, habitadas por “indios salvajes” a los que había que educar, evangelizar y en definitiva, civilizar. Sin embargo, escuchar la otra versión, la de los “indios” es bien distinta.

Mi reciente viaje a México, me ha permitido recibir una lección magistral, una visión de este acontecimiento, narrada desde un punto de vista ajeno al aleccionado por el prisma eurocéntrico. Llegué a la conclusión de que los colonizadores españoles, pusieron en marcha las leyes de la imposición, el saqueo en forma de explotación económica, violación (en su sentido más amplio de acepciones), esclavitud y exterminio de millones de personas.

El esplendor y desarrollo económico de Europa y más concretamente de España no hubiera sido posible sin el hallazgo y explotación de los recursos minerales de la “Nueva España”, utilizados para financiar gastos de Estado, costes de guerras, nuevas expediciones, construcción de edificaciones e incluso el acuñe de monedas.

Desde la Corona española, se fueron marcando las directrices de cómo organizar aquella nueva sociedad. Se fundaron nuevas ciudades dirigidas, controladas y manejadas por los españoles, que estructuraron la sociedad y a la ciudadanía desde su óptica colonial.

Todo esto me hizo recordar mi estancia en Marruecos, en donde me pude nutrir de testimonios únicos y con un valor incalculable. Sin duda alguna, las personas mayores son como enciclopedias andantes. Abrir las páginas de su memoria, nos permiten acercarnos con total claridad a un pasado más reciente, cuando el país formaba parte del protectorado español.

En esta ocasión, también se hablaba de civilizar pero no desde una óptica evangelizadora, sino desde una necesidad de aportar los valores considerados como universales imperantes desde la Ilustración europea. Así, los españoles (europeos) se veían en la imperiosa obligación de difundir un mensaje de modernización.

Desde ese prisma eurocentrista, se crearon geografías imaginativas encuadradas en una tradición orientalista y desfigurada de la realidad. Del “indio salvaje” se pasa al árabe y “bereber” (bárbaro) “retrasado”, para seguir civilizándolo, desde ese prisma de superioridad europea, réplica de siglos pasados al otro lado del charco.

Y es ahí donde vuelvo a depositar la mirada, en el México actual. A pesar del tiempo transcurrido y los acontecimientos acaecidos, todo apunta a que nada se ha aprendido. La maquinaria de la mentalidad colonizadora sigue funcionando, disfrazada como siempre de modernidad. Pero en esta ocasión, en este ejemplo concreto, hay algo que cambia: se sustituye el pensamiento católico para dar paso a la religión musulmana.

Fue así, que hace algo más de una década, un grupo de españoles musulmanes quisieron llevar el mensaje del Islam a una zona tan castigada como Chiapas. Creo, que es obvio otorgar un reconocimiento a todas aquellas personas que se esfuerzan por dar a conocer el Islam en todo el mundo, pero si se hacen bajo el mismo rasero colonial de considerar al “otro exterior” como pueblo inferior al que hay que aleccionar, es preciso hacer un paréntesis para hacernos la pregunta ¿cómo hacer llegar una religión justa e igualitaria sin caer en el error del etnocentrismo?

No es difícil entender por qué cada vez más familias indígenas están abrazando el Islam. Largos tiempos de vivencias represivas, persecuciones, detenciones ilegales, desapariciones forzadas y expulsiones de sus tierras, acompañados de luchas para defender sus derechos, esforzándose por llegar a una sociedad justa, ha permitido que el mensaje del Islam cale de fondo en una población carente de libertad.

La necesidad de llenar el espacio espiritual, especialmente cuando las adversidades azotan más duramente es un fenómeno universal y característico a los seres humanos. Esa especial vulnerabilidad hace que las personas nos aferremos con mayor convicción a las creencias, solicitando a ese ser superior la fuerza requerida para seguir adelante. Por eso, la característica fundamental de cualquier pueblo oprimido, como lo es la población indígena de Chiapas, se define por una búsqueda constante de ese vacío religioso. Así, muchos de estos nuevos musulmanes, antes de su llegada al Islam, habían optado por la fe presbiteriana y sabática, sin que éstas hubieran cumplido su objetivo.

La llegada de estos españoles musulmanes que mostraban un mensaje basado en los cimientos de una sociedad justa, facilitó la predisposición a nutrirse de las Fuentes Sagradas, conllevando la entrada paulatina al Islam, porque comprendieron el mensaje divino.

Sin embargo, el proceso no ha sido sencillo y las tensiones con los españoles musulmanes pronto se dejaron ver. Sobre la mesa, una vez más, se muestra el etnocentrismo español, marcadas por unas imposiciones que recuerdan a tiempos pasados y por las que tanto han luchado los pueblos indígenas para abolir

Intento comprender los motivos, al menos islámicos, que justifiquen la negativa de estos españoles a que los indígenas hablen en Tsotsil (lengua indígena). No soy una experta en Ciencias Islámicas, ni una Sabia conocedora en profundidad de las Fuentes, pero la lógica, me hace pensar que el Islam no es sinónimo de exterminio, ni de las personas, ni de las culturas, ni de las lenguas, por lo que no observo objeción alguna a que los indígenas sigan utilizando su lengua materna en su proceso de islamización. Si fuese así, incluso los españoles tendríamos que abandonar el castellano y utilizar el árabe como idioma principal.

La dualidad indígena-musulmán es posible, como lo es español-musulmán, canadiense-musulmán o árabe-musulmán. Por lo tanto, esta imposición lingüística, hace retroceder en el tiempo y volver a épocas de colonización en las que miles de lenguas indígenas fueron exterminadas, en nombre de la civilización.

Otro aspecto que ha creado gran tensión entre ambos grupos, es el referido a la vestimenta, especialmente el de las mujeres. Según testimonios de las féminas tsotsiles, las mujeres españolas presionaban continuamente al uso del hiyab (comportamiento más próximo a la imposición y coacción, que a una libre decisión).

De igual forma, la continua presión para dejar de utilizar los trajes tradicionales (chamula: falda negra de lana hasta los tobillos y blusón bordado a mano) y ponerse ropa más adecuada (chilaba o caftán), hacen que una vez más mire hacia el pasado y sienta repudio por este tipo de visiones aniquilacionistas ¿o es que acaso en el Corán o la Sunna se hace referencia al uso de la chilaba o caftan como traje islámico?

Estos y otros muchos aspectos han provocado que un grupo de indígenas hayan querido separarse de los españoles musulmanes, amoldando el Islam a su etnicidad, sin que atente a su identidad indígena y musulmana.

Nos sentimos orgullosos de ser musulmanes, y hacemos todo lo posible para dar a conocer un mensaje justo, igualitario y liberador. Entonces ¿cómo se puede llevar a cabo una extensión del discurso ante la imposición o la supeditación?

Las identidades étnicas no son estáticas, se reformulan constantemente en relación a momentos históricos y lugares concretos, por lo tanto, luchemos por ser musulmanes justos, sensibles y honestos, impulsando un Islam alejado del etnocentrismo y de prácticas coloniales ajenas a nuestra fe.

 

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