Mujeres tejiendo la paz

Las mujeres podemos jugar un papel fundamental en la resolución pacífica de los conflictos

 

Taller de Feminismo Islámico en Palestina impartido por M. Laure Rodríguez Quiroga (2010)

Hace unos días, una delegación de casi cien personas regresábamos de Oriente Medio en un viaje cuyo objetivo no era otro que exigir la paz. La Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género nos posibilitó acercarnos a una realidad que se escapa de nuestros esquemas racionales, de acercarnos en primera persona a un conflicto enquistado, de apreciar un abuso desmesurado por una de las partes bajo la mirada cómplice de la comunidad internacional.

Hoy, no quiero centrar este artículo en un análisis del conflicto, ni tan siquiera deseo cosificar la condición de víctima de las mujeres palestinas. Quiero hablar en positivo, reflexionar sobre la construcción de la paz, desde una perspectiva de género.

No me cabe la menor duda de que las mujeres podemos jugar un papel fundamental en la resolución pacífica de los conflictos, especialmente cuando se siembran desde una mirada femenina, ajenas a las prácticas de violencia que atentan contra nuestra propia dignidad y la de quienes nos rodean.

No con esto pretendo realizar una afirmación esencialista del tipo “las mujeres son más pacíficas que los hombres”. Sería absurdo. Aun así, nadie puede negar que las acciones violentas se han desarrollado, y siguen estando, mayoritariamente en manos masculinas. De la misma forma, también sería preciso añadir que algunas mujeres se han convertido en fieles guardianas del sistema patriarcal, adoptando los mismos esquemas y discursos masculinos para desarrollar la violencia.

A pesar de todo ello, las mujeres hemos aprendido, en un elocuente mecanismo de supervivencia, a asumir en positivo nuestra común vulnerabilidad. Hemos diseñado acciones para unir fuerzas en el ejercicio de nuestro feminismo basado en una no violencia activa, con voz propia, aportando una nueva metodología capaz de destruir la tradición de la sinrazón. El adoctrinamiento al que hemos sido sometidas las mujeres históricamente para la abnegación, el sacrificio personal en detrimento del beneficio colectivo, para el diálogo, el consenso y la negociación, nos ofrecen las bases idóneas para un proceso de paz sin parangón.

Provengo de un pueblo —vasco—, con demasiadas décadas de vivencia en conflicto. A lo largo de este tiempo, las mujeres hemos ido desarrollando nuestras propias estrategias, de acción simbólica y/o directa, cruciales para alcanzar la paz. Sin embargo, a pesar del papel fundamental de nuestras aportaciones en los procesos de negociación, hemos sido invisibilizadas y silenciadas.

Necesitamos reclamar nuestro espacio para aportar visiones, necesidades y reflexiones en torno a la lucha de nuestros pueblos, de las “causas” que también forman parte de nuestra cotidianidad.

La sociedad en su conjunto, y en especial los cargos políticos, deben tomar conciencia de las terribles consecuencias de la violencia en su sentido más amplio, que fractura las sociedades y mutila el pleno desarrollo psicológico, social y espiritual de las personas, especialmente el de las mujeres.

Para ver en la fuente original: http://www.cambio16.es/opinion/laure/0003/laure.php#

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