Lenguaje no sexista en el Corán

© Fotografía: M. Laure Rodríguez Quiroga

Ya no me sorprenden las caras de perplejidad de aquellas personas que no dan crédito cuando afirmo que el surgimiento del islam supuso una revolución liberal en clave de igualdad. Lógicamente sus reflexiones se amparan en el desconocimiento. Por eso, hoy quiero dedicar este artículo a mostrar y demostrar que hace quince siglos en el marco islámico ya se utilizaron reivindicaciones feministas para construir un lenguaje inclusivo hacia las mujeres.

El lenguaje es la herramienta fundamental para delimitar y construir la identidad social de los seres humanos. Pensamos con palabras, imaginando la realidad y la sociedad que nos rodea en base a la representación cognitiva que hacemos de ella mediante el lenguaje. Así, nuestra idea de la realidad se fundamenta en la forma en cómo hablamos de ella, sobre lo que escribimos de ella, en base a lo que leemos sobre ella.

Históricamente, el lenguaje se ha ido construyendo desde un punto de vista androcéntrico, definiendo y nombrando la realidad conforme a sus propios intereses. Nuestra identidad de género se construye mediante el nombre que la sociedad nos asigna, de cómo se nos incluye o se nos ignora, de qué se habla sobre los hombres y de qué sobre las mujeres. Esa es la fuerza del patriarcado, haber conseguido que las mujeres hayamos quedado invisibilizadas, denigradas así como excluidas del lenguaje y, por lo tanto, de la socialización histórica.

Y es aquí donde reflexiono sobre los discursos feministas emergidos desde el comienzo de la revelación coránica. Me viene a la mente el ejemplo poderoso de una mujer llena de iniciativa y rebeldía, Umm Salama, quien lanzó una pregunta clave al profeta Muhammad: “¿Por qué se cita a los hombres en el Corán y a las mujeres no?”

Como respuesta, surge una primera revelación absolutamente revolucionaria, fruto de una agitación reivindicativa de las mujeres, y que supuso el prolegómeno de otras en clave de igualdad:

“Los musulmanes y las musulmanas, / Los hombres creyentes y las mujeres creyentes, / Los hombres piadosos y las mujeres piadosas, / Los hombres sinceros y las mujeres sinceras, / Los hombres pacientes y las mujeres pacientes, / Los hombres conscientes de Al-lâh y las mujeres conscientes de Al-lâh / Los hombres que dan limosna y las mujeres que dan limosna, / Los hombres que ayunan y las mujeres que ayunan, / Los que custodian y las que custodian sus partes pudendas, / Los que invocan mucho a Al-lâh y las que hacen lo mismo, / Para ellos Al-lâh ha preparado perdón y magnífica recompensa” (Corán 33:35).

Quiero adelantarme a polémicas advirtiendo de la diferencia entre el Corán (texto original en árabe) y las traducciones interpretadas que se realizan del texto, cuyas tendencias se centran en utilizar el masculino genérico, dando la impresión de que sus versículos van dirigidos exclusivamente a los hombres. Nada más alejado de la realidad. Como dijo Shirín Ebadi, Premio Nobel de la Paz: “Para ser feminista no es preciso dejar de ser musulmana”, porque la esencia islámica también contiene claves para erradicar todo tipo de desigualdad, incluyendo el machismo lingüístico.

Texto original publicado en Cambio 16

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