Matrimonio Forzado

© Fotografía: M. Laure Rodríguez Quiroga

Pienso en las mil y una formas de violencia de género extendidas por el mundo y rescato una que me resulta atroz por la forma en cómo se violan los derechos sexuales, reproductivos y de libertad hacia las mujeres. Los matrimonios forzados han vuelto a salir a la escena mediática ante el caso de L’Hospitalet de Llobregat, siendo testigos indirectos de un acto de terrorismo doméstico hacia una menor de edad que es obligada a casarse en contra de su voluntad.

Soy partidaria de denunciar este tipo de prácticas a nivel global, pero siento un profundo rechazo ante la forma en cómo en esta ocasión el islam está siendo utilizado, una vez más, como el paraguas protector en la creación de un discurso que va más allá de la mera información. Denunciemos, sí, pero hagamoslo amparándonos en el código deontológico de la objetividad.

William Maxwell Aitken dijo aquello de: “Si un perro muerde a un hombre, no es noticia, pero si un hombre muerde a un perro, eso sí que es noticia”, y efectivamente este parece ser el caso. No cabe duda que nos encontramos ante un hecho monstruoso, pero también excepcional, una práctica que al menos en el caso del Estado español no parece ser habitual. Sin embargo se recurre (y se incurre) a una simplificación de los hechos cuando las prácticas proceden de personas de origen musulmán.

Algunos diarios, no han tardado en caer en el tópico al considerar que esta chica cumple con el perfil: menor de edad; procedente de zona rural y de un país musulmán, añadiendo que “este tipo de prácticas siguen vigentes en algunas áreas”. Nada nos dicen, por ejemplo, como si ello no importara, que a nivel legal la modificación de la Mudawana (el Código de Familia marroquí) estableció en 18 años la edad mínima para el matrimonio de una mujer, requiriéndose innegociablemente el consentimiento de la misma. Es curioso que en el Estado español recientemente se ha conseguido aumentar la edad matrimonial de 14 a 16 años. Sobra decir que lo hará de forma voluntaria.

Sinceramente, poco podemos hacer para modificar la realidad que ocurre fuera de nuestras fronteras y me resulta chocante que seamos capaces de utilizar chivos expiatorios “externos”, sin tener una capacidad autocrítica. ¿Cómo puede ser posible que en Marruecos la edad mínima que establece la ley sea 18 años y en el Estado español esté en 16? ¿Qué ocurre para que en una sociedad democrática como la nuestra, cuyos pilares fundamentales se dibujan sobre un Estado de derecho, no se contemple este tipo de prácticas dentro del Código Penal? Los matrimonios forzados, especialmente de menores, suponen una flagrante violación del pleno desarrollo psicosocial de las niñas/adolescentes. Resulta inaceptable la ausencia de tipifi- cación penal para estos casos, a pesar de que, desde hace años, se tiene constancia de ellos (de forma esporádica). El origen y/o la creencia es lo de menos, son ciudadanas españolas y debieran ser tratadas como tal. El electoralismo parece acechar hambriento de carnaza sobre las víctimas indefensas de esta lacra mundial.

Texto original publicado en Cambio 16

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