(Des)velando el hiyab

© Fotografía: M. Laure Rodríguez Quiroga

Una de las ventajas de escribir artículos de opinión es que se puede divagar sobre un tema llevando a cabo el derecho a la libertad de expresión. Recibo numerosas solicitudes para que escriba o hable sobre la polémica en torno al hiyab y, sinceramente, suelo ser reacia a centrar mis comunicaciones en este tema. Además de distorsionado y simplista, existe una tendencia a reducir el debate sobre la mujer musulmana en torno a su cuerpo y la forma de vestir. Creo que no existe forma más violenta de tratar a un ser humano que la de circunscribir su existencia en torno a un trozo de tela, bien sea para cubrirlo o para destaparlo.

Habrá quien ponga en entredicho mis aportaciones por mi condición de musulmana, como si un manto de irracionalidad envolviese mis presupuestos ideológicos y, en consecuencia, se limitara mi objetividad hacia el tema. Es curioso, porque se da por sentado que la persona que escucha lo hará desde un esquema cartesiano y libre de prejuicios, como si las representaciones estereotipadas no existiesen de antemano en su imaginario.

Otro de los motivos que me plantea rechazo a tratar este tema es por la injusticia que se ha producido a nivel etimológico. Quien quiera seguir afirmando que el hiyab es sinónimo de velo, no hace sino incurrir en una falsedad y mostrar un nulo conocimiento de la revelación coránica. Desde la concepción filológica, “hiyab” significa “separación”, por lo que una exégesis de los versículos recomendarán a hombres y mujeres al recato, a la moderación en vestir o a bajar las miradas. Nunca al trozo de tela que cubre el cabello de la mujer.

Podría pensar que el objetivo real de la crítica con el velo, especialmente desde los medios de comunicación, es la liberación de las musulmanas y su emancipación igualitaria. Sin embargo, realizando una aproximación discursiva de los mismos se observa que las ideas y valores impregnadas en las noticias dirigen la opinión pública hacia una mirada al “otro” como lo exterior a la cultura propia y como la amenaza a los valores de la sociedad española.

De igual forma, se esgrime un argumento viciado cuando se da por sentado que el uso del velo es obligatorio, anulando la libre elección que todo ser humano debe tener. La imposición es taxativamente contraria a la cosmología islámica, bien sea coaccionando para ponerlo, bien para prohibir su uso. No importa cuál sea la razón o motivación de millones de mujeres musulmanas para cubrir sus cabezas, porque sus decisiones quedarán reducidas a una cosificación esquizofrénica de sus cuerpos, a través de los cuales se mide su libertad.

No importa cuál sea la decisión de las mujeres musulmanas, ni el proceso de reflexión interior que han desarrollado para tomar decisiones libres que afecten a la esfera de su ámbito más privado. De un lado y de otro se sigue utilizando nuestro cuerpo como barrera de contención. Reducir el mensaje emancipador de cualquier espiritualidad en el debate en torno a 20 centímetros de tela usurpa nuestros derechos más elementales.

Publicación original en Cambio16

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