El velo en el punto de mira: género y racismo

Conferencia impartida en el marco de las Jornadas En Lucha 2011 (7 de abril) bajo el lema “Ideas para cambiar el mundo”

En primer lugar quiero agradecer la invitación a estas jornadas para participar en esta mesa redonda. He de reconocer que en un primer momento dudé en aceptar mi participación en este debate porque sinceramente suelo ser reacia a centrar mis comunicaciones en este tema. Además de distorsionado y simplista, existe una tendencia a reducir el debate sobre la mujer musulmana en torno a su cuerpo y la forma de vestir. Creo que no existe forma más violenta de tratar a un ser humano que la de circunscribir su existencia en torno a un trozo de tela, bien sea para cubrirlo o para destaparlo.

Sin embargo, viendo el contenido ideológico-político de En Lucha y sintiéndome identificada con los valores que se promueve, se me hacía difícil rehusar mi presencia. El empujón final lo dio el lema elegido para estas jornadas: “Ideas para cambiar el mundo” que hacen adentrarme en un sueño no tan utópico de la búsqueda de la justicia social, de revoluciones liberales que nos permitan salir del estado de crisis que viven nuestras sociedades. Porque las personas que queremos cambiar el mundo, necesitamos abrir las miras de nuestros discursos y creo que este es el espacio idóneo para mostrar argumentaciones críticas en torno a un tema que genera tanta polémica. Gracias una vez más por permitirme ejercer mi legítimo derecho a la libertad de expresión.

Posiblemente habrá quien ponga en entredicho mis aportaciones por mi condición de musulmana, como si un manto de irracionalidad envolviese mis presupuestos ideológicos y en consecuencia, se limitara mi objetividad hacia el tema. Es curioso, porque se da por sentado que la persona que escucha lo hará desde un esquema cartesiano y libre de prejuicios, como si las representaciones estereotipadas no existiesen de antemano en su imaginario.

Lo cierto es, que para acercarse al Islam es preciso quitarse esas gafas occidentales a través de las cuales analizamos a las otras culturas, y cuando me refiero a Occidente, me refiero a la construcción identitaria que se ha ido generando sobre el “yo” y sobre “los otros”. A pesar de que el Islam tiene un reconocimiento de arraigo histórico de más de 1.000 años de presencia en la península, la identidad “española” se ha construido en base a la cristiandad y más reciente la laicidad.

Desde ese punto de vista, hay una tendencia generalizada a observar al “otro” desde una perspectiva eurocéntrica en la que se han ido construyendo una serie de estereotipos y prejuicios en el imaginario colectivo.

Me gustó el título de la mesa redonda: “El velo en el punto de mira: género y racismo” porque no se ha utilizado el término “hiyab”, el cual mencionaré más adelante, ni “velo islámico”. Me resulta irrisoria la etiqueta “islámica”. Llevo sobre mis hombros un pañuelo comprado en una tienda en Madrid, si decido ponermelo en la cabeza ¿lo convierte en algo islámico?
Otro de los motivos por los que se me plantea el rechazo a tratar este tema, es por la injusticia que se ha producido en el nivel etimológico del término hiyab. Quien quiera seguir afirmando que es sinónimo de velo, no hace sino incurrir en una falsedad y un nulo conocimiento de la revelación coránica. Desde la concepción filológica,”Hiyab” significa “separación” por lo que una exégesis de los versículos dirigirán, a hombres y mujeres, al recato, a la moderación en vestir o a bajar las miradas, nunca al trozo de tela que cubre el cabello de la mujer.

Podría pensar que el objetivo real de la crítica con el velo, especialmente desde los medios de comunicación, es la liberación de las musulmanas y su emancipación igualitaria. Sin embargo, realizando una aproximación discursiva de los mismos se observa que las ideas y valores impregnadas en las noticias dirigen la opinión pública hacia una mirada al “otro” como lo exterior a la cultura propia y como la amenaza a los valores de la sociedad española.

La importancia que adquiere el debate del mal llamado hiyab no puede ser entendido si no se toma en cuenta el contexto histórico-social en el que se produce, especialmente tras los atentados del 11 de setiembre de 2001. En el Estado español, la polémica en torno al “velo” surgió a primeros del 2002 en pleno impulso de la ideología del choque de civilizaciones elaborada por Samuel P. Huntington y de la supuesta incompatibilidad entre Islam y democracia.

Los medios de comunicación han jugado y juegan un papel crucial en la construcción subjetiva del imaginario colectivo, ya que se han convertido en creadores de opinión. Una de las ventajas de escribir artículos de opinión radica en la libertad de poder divagar sobre algún sin la necesidad de sustentarse en el rigor científico para argumentar las afirmaciones. Se opina libremente, a veces sin un conocimiento de lo que se dice o siendo consciente del discurso que se esconde detrás del texto, de los procesos cognitivos de la producción de la noticia, los niveles descriptivos, etc.

Recientemente, he finalizado una investigación en torno a la “Construcción de los roles de género de mujeres y hombres musulmanes en los medios de comunicación españoles”. Hay una predisposición en la prensa a centrarse en las costumbres de origen musulmán que las convierten en objeto de debate. Especialmente la mujer se convierte en objeto de opinión.

En el análisis de este último año, las mujeres cumplen el rol estereotipado de víctimas, frente a los hombres que se convierten en sus victimarios. El 100% de las noticias en las que aparece una mujer se hace en una connotación negativa. Hay dos discursos contrapuestos: victima de violencia que refuerza la mirada negativa; protagonista que a priori podría identificarse como positivo, pero que al estar enmarcado dentro de una lucha contra el sistema patriarcal, la cosifica como grupo vulnerable.

Es curioso porque a las mujeres musulmanas nos llaman para hablar de “temas de mujeres” dando por sentado que solo estamos capacitadas para hablar de las vulneraciones de nuestros derechos por nuestra condición de mujer. No se nos tiene en cuenta para aportaciones en debates políticos, para opinar sobre la monarquía, sobre la tortura animal, sobre la degradación medioambiental, etc.

En el 98% de los casos, la información, el debate o el análisis se ha centrado inicialmente en la vestimenta de la mujer musulmana, ante las polémicas de un “hiyab” que no es sinónimo de velo/pañuelo, un “burka” que no existe en el Estado español y un “niqab” que solo es portado por 30 mujeres frente a las 600.000 musulmanas existentes aproximadamente.

En este último año, se han puesto en contacto conmigo de 88 medios distintos: 83 para hablar de la vestimenta; 1 sobre lapidación; 1 sobre mutilación genital; 1 prohibición de apertura de mezquita; 2 sobre feminismo islámico.

De igual forma, se esgrime un argumento viciado cuando se da por sentado que el uso del velo es obligatorio, anulando la libre elección que todo ser humano debe tener. La imposición es taxativamente contraria a la cosmología islámica, bien sea coaccionando para ponerlo, bien para prohibir su uso. No importa cuál sea la razón o motivación de millones de mujeres musulmanas para cubrir sus cabezas, porque sus decisiones quedarán reducidas a una cosificación esquizofrénica de sus cuerpos, a través de los cuales se mide su libertad.

En conclusión, me gustaría plasmar la necesidad de ser conscientes de la existencia a una obsesiva mirada de la vestimenta de las mujeres, como si una musulmana lo fuese de verdad por su apariencia física. No importa cuál sea la decisión de las mujeres musulmanas, ni el proceso de reflexión interior que han desarrollado para tomar decisiones libres que afecten a la esfera de su ámbito más privado. De un lado y de otro se sigue utilizando nuestro cuerpo como barrera de contención. Se recupera aquí el discurso de la Ilustración cuando se veía a las mujeres como seres irracionales y cuerpos sin cabeza sobre los que hay que dirigir.

La imagen victimista es paralizante porque no hace justicia a la diversidad, riqueza y empuje que está teniendo la mujer musulmana en las distintas sociedades. Es reduccionista porque niega los otros recursos y facetas de su ser. Nos sitúa en el lugar de la carencia simbólica porque nos convierte en objetos cosificados, no en sujetos activos de participación, en sujetos políticos.

Reducir el mensaje emancipador de cualquier espiritualidad en el debate en torno a 20 cm. de tela usurpa nuestros derechos más elementales.

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