¿Homofobia islámica?

Foto: Pedro J. Revuelta Andrés

El pensamiento heterosexual es una interpretación totalizadora que castra la libertad individual

Es curioso que se dé por sentado que la postura de Bilal Philips, el imán expulsado recientemente de Alemania por incitar el odio hacia los gays, sea parte indiscutible de la revelación coránica. Personalmente, no puedo compartir un discurso plagado de prejuicios infundados en falsedades y envueltos de presupuestos absolutamente contrarios a la ética islámica. La persecución de las personas homosexuales es realizada ampliamente en nombre del islam. Es justificada desde interpretaciones distorsionadas de los textos fundamentales de referencia en las que se ha ido tejiendo una forma de pensamiento heterosexual como algo natural, a modo de mandato divino, pero que en absoluto responde al mensaje verdadero emanado de la cosmología islámica.

Efectivamente, el islam no fomenta la homofobia, ni sugiere que las sociedades deban construirse desde la heteronormatividad. Desgraciadamente, son numerosos los ejemplos que muestran que las sociedades y comunidades musulmanas actuales conciben la heterosexualidad como un dispositivo ideológico esencialista y hegemónico al que se debe llegar. De esta forma, se cree que la forma hetero es la “normal”, la “natural” y “universal”, mientras que la homosexualidad se interpreta como “lo enfermo”, “lo anormal” y lo “particular”. Desde estos planteamientos fanáticos, interpretados desde las escuelas de pensamiento medieval en base a lecturas patriarcales del Corán, la homosexualidad no puede sino contradecir el “orden perfecto de las cosas”, entendiendo que los roles de hombres y mujeres son opuestos y a la vez complementarios. Se presenta una visión de la pareja fundada sobre una armonía preestablecida de los sexos, que supone una complementariedad esencial entre ambos. Esta complementariedad es creativa y procreativa, por lo que su objetivo es mantener el orden social y perpetuar la especie. Es aquí donde se llega a la noción de heterosexualidad reproductiva o, como lo definió Wittig, “la obligación absoluta de reproducir la especie”. La cimentación de este pensamiento heterosexual conservador y contrario a la cosmología islámica establece que la construcción de los géneros viene marcada por el sexo biológico. Así, un hombre debe resaltar su masculinidad (cualidades activas, de penetración y de dominio), mientras que una mujer actuará en consecuencia a lo femenino: sumisión, pasividad, ternura, maternidad, etc. Lo masculino/ femenino desde esta percepción es una categoria social no natural creada dentro de un orden económico, ideológico y político. De igual forma, esta visión se enmarca en una categoría que construye la sociedad en base a un pensamiento heterosexual, creando sus propias instituciones, sus propias leyes y sus propios conceptos. Así, la categoría sexo-género queda decretada como la “naturalmente” preestablecida por Dios. El pensamiento heterosexual es una interpretación totalizadora que castra la libertad individual y cuando se convierte en una homofobia en nombre del islam corrompe la lucha contra cualquier tipo de injusticia social.


Texto original publicado en Cambio 16

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