Bahréin ¿dónde están los derechos de las mujeres?

Ponencia impartida en el Congreso Europeo de Solidaridad con el pueblo de Bahréin, el 25 de junio de 2011

El poeta tunecino Abu Alqasim Al Shabi, escribía hace un siglo sobre la necesidad de alcanzar 3 puntos para lograr sociedades más cohesionadas: liberación; libertad y modernidad. Hace unos meses, una poetisa bahreiní, Ayat al-Gormesi, leía un poema en la Plaza de la Perla durante las protestas a favor de la democracia. Estas fueron sus palabras: “Somos el pueblo que matará la humillación y asesinará la miseria ¿no oyes sus gritos, sus alaridos?”

Estas líneas han bastado para que un Tribunal militar la haya condenado a un añoo de prisión por el delito de haber participado en manifestaciones ilegales, alterado la seguridad pública y hacer apología del odio al régimen.

Sorprende observar cómo a pesar de las sistemáticas violaciones de los derechos humanos, esta Primavera árabe parece no haber tomado la repercusión mediática que se merece. Ni tan siquiera el reflejo de la malograda situación de las mujeres han servido de excusa para ocupar las páginas o los titulares de nuestros medios.

¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué no es noticia? ¿Qué intereses geopolíticos se esconden detrás de este silencio? ¿Por qué si en otras revueltas las mujeres han sido destacadas protagonistas, en el caso de Bahrein no se ha reflejado?

Los medios de comunicación han mostrado imágenes de mujeres durante otras manifestaciones, pero nadie habla de la situación de la mujer en el día a día en el país. Prácticamente todas las personas entrevistadas sobre las manifestaciones en las cadenas televisivas por satélite, son hombres. El papel desempeñado por las mujeres no se considera importante y, en todo caso, no se percibe como un elemento motor de las protestas.

No me cabe duda. Las revueltas están reclamando una Democracia real a través de toda una serie de reivindicaciones políticas y sociales, olvidándose de un imperativo fundamental en la cosmología islámica: la justicia de género.

En Bahrein, el movimiento en pro de los derechos de la mujer todavía es muy débil, a pesar de la escalofriante realidad. Podríamos empezar realizando una radiografía de las consecuencias directas en las mujeres de su participación en las revueltas.
Diversas organizaciones locales e internacionales, han puesto el grito de alarma ante las distintas formas de tortura que están sufriendo las mujeres en sus detenciones. Cientos de mujeres han sido arrestadas y su sufrimiento ha sido silenciado impunemente, no solo en su propio país, sino también con el beneplácito internacional. Se las mantiene incomunicadas durante días, son golpeadas, torturadas, obligadas a firmar falsas confesiones, recibiendo todo tipo de vejadas sexuales o amenazas de ser violadas.

La agencia de noticias Reuters recogía el testimonio de una mujer que ocultaba su identidad por motivos de seguridad, y que afirmaba que durante su detención la policía le dijo: “Somos 14 hombres en esta habitación, ¿sabes lo que podemos llegar a hacerte? Está en vigor la ley de emergencia y somos libres de hacer lo que queramos”.

Bahrein es el primer país afectado por la Primavera árabe donde se ha señalado específicamente a las mujeres como objetivos de la represión. El conflicto político entre grupos rivales vuelve a lanzar sus garras amenazadoras contra las mujeres, convirtiendolas en chivos expiatorios y monedas de cambio contra las que ejercer el poder. Si se humillan a las mujeres, si se pone en riesgo su honor, se destruirán los pilares de la oposición, y por lo tanto, de todo el conjunto de la sociedad, y en medio de esas luchas, las mujeres siguen siendo las principales víctimas del conflicto.

Pero las mujeres, no sufren solo la represión militar, sino que en el interior de sus propias comunidades, son víctimas de una violencia de género totalmente ajena a la ética islámica. En la plaza Luá-luá, miles de mujeres participan activamente aunque están al margen de las manifestaciones. Cuando llegan al encuentro, se les pide que se coloquen en un rincón específico o que se agrupen detrás. Son obligadas a tomar un papel secundario. No se puede permitir mantener a las mujeres al margen de las protestas. No es ético, no es democrático, no es islámico.

Las mujeres son las primeras interesadas en su participación y en tomar parte activa en su propio desarrollo. Basta simplemente observar la situación antes de las revueltas, para ser conscientes que esta falta de democracia es mucho más agresiva, como siempre con las mujeres. Tomo el ejemplo del derecho de las mujeres a constituirse como sujetos polóticos.
No es hasta el año 2002 cuando las mujeres pueden ejercer su derecho legítimo a votar y ser candidatas. En mayo de ese año se celebraron las elecciones municipales en las que se presentaron 34 mujeres de un total de 300 candidatos. En el 2006, 5 candidatas frente a 171 hombres. En 2010 solo 3 de 182 postulantes fueron mujeres. Hoy en día, su integración parlamentaria es de 2,5% un porcentaje escaso, demasiado escaso.

¿Qué ocurre? ¿Cómo puede ser eso posible? ¿Tiene algo que ver el Islam en ello? Evidentemente no, y precisamente por eso, se debe reclamar un cumplimiento de los derechos que también son recogidos en el Islam.

Se me ocurre otro ejemplo, el escaso número de mujeres jueces. No fue hasta el año 2006 que la abogada de Bahrein Mona Jasem Al Kawari se convirtiera en la primera mujer en la historia de su país en ocupar el cargo de juez. Tenemos ejemplos de otros países, como Iran que cuentan con un importante número de mujeres que ejercen como juez. Se me viene a la mente Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz (2003) y que entre 1975 y 1979 fue Presidenta de la Corte de Teherán, además de convertirse en una de las primeras mujeres jueces de Irán.

Por lo tanto, no entiendo en qué se basan en Bahrein para coartar un derecho que como vemos en otras sociedades islámicas son reconocidos sin problema, y en sí, en el propio Islam. Podría seguir enunciando mil y un ejemplo de las discriminaciones de género en el marco de la sociedad de Bahrein. Por eso, es preciso una verdadera revolución que reclame la base fundamental del Islam: la justicia social y la justicia de género

En los periodos de transición, las mujeres tienen una función que desempeñar. La igualdad y las necesidades de las mujeres deberían ser una prioridad porque forma parte de nuestra esencia más propia, el Islam. Las revueltas están imbuidas de valor para enfrentarse a un sistema que ha traicionado ese mensaje de salvación que permite a mujeres y hombres embriagarse de una libertad individual, consciente y racional.

La construcción de gobiernos oligárquicos converge en personajes tiranos que bajo la imposición pretenden dominar a la ciudadanía, los cuales son totalmente contrarios a la cosmología islámica. Ellas, las mujeres, parecen haberse convertido en la insignia de la exigencia de una democracia íntimamente relacionada a la revelación coránica. Una democracia que implica dar la voz a su ciudadanía, para que el Estado esté al servicio del pueblo y no al contrario.

Me gustaría terminar anotando un hadiz del Profeta:  “El mejor yihad es una palabra de justicia a un gobernante injusto”

Muchas gracias

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