HOMOSEXUALIDAD FEMENINA Y LESBOFOBIA MUSULMANA

 

Resumen de la conferencia impartida en Bruxelas en el Encuentro Internacional CALEM sobre la realidad LGTB de musulmanes.

Comienzo esta exposición invocando el nombre de Allah, solicitando su permiso para hablar sobre una temática delicada y que todavía sigue siendo un tema tabú para la mayor parte de las comunidades musulmanas.

He de confesar que he tenido mis serias dudas para participar en este Congreso e incluso para empezar a trabajar en el campo de la homosexualidad femenina musulmana. Para mí, ha supuesto un debate interno que ha cuestionado mis propios posicionamientos y que ha generado una lucha íntima entre mi propio yo y el comportamiento deseado en el exterior por mi condición de mujer y musulmana.

En primer lugar, me cuestioné si debía irrumpir en un campo de identidad que no me corresponde. Mis sentimientos y mis relaciones son heterosexuales, por lo que tuve miedo de caer en la trampa de utilizar a las musulmanas lesbianas como objetos pasivos de estudio, privándoles de la voz que les corresponde.

En segundo lugar, me pregunté a mí misma si estaría cayendo en la trampa colonialista al depositar sobre ellas todo un abanico de conceptos estereotipados sobre la vivencia lésbica. Somos muchas las personas que llevamos tiempo intentando descolonizar los discursos feministas, por lo que he recapacitado sobre mis posibles injerencias al analizar las experiencias desde el punto de vista heterosexual.

En tercer lugar, y en mi relación más íntima con Allah tuve miedo de defender un discurso, contrario a los argumentados por los grandes sabios contemporáneos. No soy ninguna exégeta, no soy experta en ciencias islámicas, ni tan siquiera en Fiqh, por lo que desde mi ignorancia cuestioné si debía seguir adelante.

En cuarto lugar, tuve mis recelos a mostrarme públicamente en relación a la experiencia homosexual, por las consecuencias que ello puede acarrear. No se puede negar que existe un cierto temor a la propia integridad física cuando se menciona una cuestión que produce reacciones viscerales y conductas homófobas. Desde que hace ya un tiempo empezara a colgar en las redes sociales noticias relacionadas a las experiencias LGTB, he recibido todo tipo de amenazas y comentarios que han intentado dañar mi imagen y honor.

Finalmente, después de hacer balance decidí que merecía la pena y que estaba preparada para asumir los riesgos, porque seguir el Islam implica necesariamente ser consecuente con la justicia social. Mi compromiso con el Islam, me obliga moralmente a estrechar lazos de unión irrenunciables en la lucha contra todo tipo de injusticia. Como trabajadora social, me debo a un código deontológico que me impide mirar hacia otro lado ante un grupo oprimido. Como investigadora, quiero aportar mi grano de arena en abordar el tema de forma seria, abriendo nuevos caminos y rompiendo con ciertos tabúes profundamente asentados en el discurso colectivo.

Investigación “Homosexualidad femenina y Lesbofobia en el marco musulmán

Hoy vengo a presentar en este Congreso, las primeras conclusiones de la investigación que estoy desarrollando “Homosexualidad femenina y Lesbofobia en el marco musulmán”. Adelanto que está siendo una tarea complicada pero a la vez apasionante, que me ha permitido acercarme a lo más íntimo del ser humano, aquello que habitualmente está en una relación directa entre la persona y Allah.

Y es precisamente debido a ese acercamiento a lo íntimo, lo que hace que quede suspendida en el aire utilizando un método con firma propia, jugando entre la empatía más cálida y la distancia intelectual que merece todo análisis científico.

Me propongo defender un discurso, sin dejar de lado la perspectiva humana sin que por ello me obligue a perder el punto de mira objetivo y racional. Mente y corazón en unión fraternal para abordar una realidad que por muy silenciada que se pretenda, sigue existiendo.

Al igual que en arqueología la historia colectiva se escribe a partir de pequeños trozos de objetos o hallazgos, el marco teórico del discurso social es la suma de cada una de esas experiencias vitales vivenciadas a nivel individual.

Por eso, me resultó interesante poder realizar entrevistas personales, no solo con mujeres LBT, sino también con personas musulmanas en general. Además, estoy intentando completar con la búsqueda de reportajes de prensa, redes sociales, artículos de revistas, publicaciones, páginas web e incluso, el análisis de cine árabe.

No se puede eludir la mención a una realidad caracterizada por la homosexualidad masculina sin que pueda encontrarse nada en profundidad con respecto a la femenina. No existe un debate abierto sobre la realidad LGTB. A nivel externo, es decir, de fuera de las comunidades musulmanas, hay un enfoque esencialista y victimista de la persecución que viven las personas LGTB, sin llegar a profundizar en la vivencia personal y colectiva.

A nivel interno, la situación de las personas LGTB sigue siendo uno de los temas que mayor resistencia presenta para ser hablado entre el colectivo musulmán, incluso por aquellas personas que se autodefinen como más liberales. En el caso hipotético e improbable de que se mencione la homosexualidad, generalmente se centra en la masculina y en una excusa perfecta para contar chistes o conversaciones picantes y de mal gusto. Durante mi estancia en Marruecos a lo largo de varios años, además de mi experiencia de trabajo con el colectivo marroquí desde hace 20 años he sido testigo de infinidad de frases populares y chistes sobre homosexuales -hombres, se sobreentiende-.

Definir su Identidad lesbiana

No todas las mujeres que tienen sentimientos por otras mujeres se consideran lesbianas o bisexuales, ya que desde la interpretación islámica se le da más importancia a los actos sexuales que a la orientaciones o a las identidades homosexuales.

La homosexualidad como identidad es un fenómeno reciente que fue inventado en el siglo XIX en el contexto occidental. A pesar de que se tiene constancia histórica de la existencia de experiencias LGTB en las sociedades musulmanas, hoy en día es percibida como un comportamiento perverso y consciente, propia de una enfermedad mental.

Desde esta argumentación, si la homosexualidad es considerada una enfermedad mental es sinónimo de que puede corregirse o curarse, y en consecuencia su práctica es una desviación de la normalidad.

En Occidente, solo contemplamos tres identidades sexuales: heterosexualidad;  homosexualidad y bisexualidad, construídas a partir de la identificación de género y objeto de deseo. Por eso, en ocasiones, se nos hace complicado saber dibujar la línea de las experiencias vividas en otros contextos o culturas.

Aun así, existe una característica común a las sociedades Euro-Mediterráneas al  considerar que la armonía preestablecida de los sexos y de sus roles, son la base de una complementariedad esencial entre lo masculino y lo femenino desde la que se construye la familia y por lo tanto la sociedad. Estos argumentos son usados para explicar tanto la segregación de los sexos como el presupuesto ideológico heterosexual.

Ante esta rigurosa polaridad, cualquier expresión o planteamiento que trate de romper o difuminar la frontera entre los sexos es percibida como una perversión contra natura y, en consecuencia, como una tendencia destructora de la sociedad.

Es aquí donde toma especial relevancia la homosexualidad. Desde los planteamientos más tradicionales, la homosexualidad contradice el orden perfecto de las cosas, lo que sin duda alguna explica la persecución y homofobia que se vive en la mayor parte de las sociedades musulmanas.

En una conversación con un Sheikh egipcio afincado en España desde hace 15 años, afirmaba lo siguiente: “las personas homosexuales son enfermas y por eso necesitan de nuestra misericordia para que se curen. Si permitimos que practiquen esas relaciones pervertidas, destruiremos a la Ummah. Eso es lo que le ha pasado a Occidente, que ha sido tan permisivo con los homosexuales que han destruido la sociedad”

Las personas que no siguen la sexualidad acorde a la norma, carecen de derechos legales y por lo tanto, muchas de ellas se ven obligadas a llevar una segunda vida, o tienen miedo a ser descubiertas, forzadas a casarse en contra de su voluntad para proteger el honor familiar, carecen de centros de orientación sexual y apoyo psicológico acorde a sus necesidades.

La construcción de la identidad lésbica, especialmente en el caso de las mujeres musulmanas, es un proceso que suele ser largo y doloroso. A veces incluso, nunca se llega a producir. Para que una mujer se considere lesbiana, el primer paso a seguir es el de la toma de conciencia de la existencia de la categoría “lesbiana” para poder identificarse con ella. Existe toda una lucha interior entre la tradición y su sentimiento más profundo que irrumpe en una sociedad patriarcal construida a partir de la experiencia heterosexual.

La mayoría de las mujeres musulmanas lesbianas cuestionan su identidad en algún momento de su vida. Surge una primera pregunta: ¿quién soy? que generalmente es respondida en relación a la mirada de los otros, íntimamente relacionada a la siguiente pregunta ¿cómo me presento ante los demás? Es una lucha constante entre las identificaciones sentidas por la propia mujer y las identificaciones impuestas por la colectividad.

La mayor parte de las mujeres entrevistadas en mi investigación se sienten identificadas como lesbianas, es decir, que se sienten atraídas afectiva y sexualmente por otras mujeres y han dado el paso de interpretar esa atracción dentro de una identidad lésbica, aunque la mayoría lo mantienen oculto al exterior.

Algunas consideran que su homosexualidad no es algo que dependa de ellas y que su identidad sexual está vinculada con la esencia de su propia existencia, por eso, las atracciones lesboeróticas son vividas como inevitables. Otras sin embargo, siguen manteniendo que sus sentimientos y deseos lésbicos, son obra de Shaytan y luchan para no caer en la tentación de hacer un acto perverso e ilícito.

Todas han relatado las historias dolorosas de la negación de su tendencia homosexual y las dificultades para identificar sus propios sentimientos por el sufrimiento que supone escoger vivir como lesbiana. En general, las mujeres musulmanas asumen que no han escogido su orientación sexual pero sí tienen la posibilidad de elegir si quieren vivir o no de acuerdo a su orientación.

Asumir una identidad lésbica

Conforme a los resultados de mi investigación, no existe una edad específica en la cual las lesbianas musulmanas comienzan a cuestionar su identidad sexual. Las realidades son diversas en función de cada persona, pero lo cierto es que existen dos momentos clave en el proceso de la identidad lésbica.

El primero, se produce desde la infancia, cuando las mujeres tienen conciencia de una atracción hacia personas del mismo sexo. En este caso, la mujer puede plantearse el tema de su identidad sexual independientemente de si ha tenido contacto sexual con alguien de su sexo o no.

El segundo momento se inicia cuando se ha desarrollado dentro de una relación heterosexual y se cuestiona la identidad sexual a raíz de un contacto con otra mujer. Experimentan una especie de revelación cuando se involucran por primera vez con una mujer, generalmente con una amiga. Al principio no saben cómo integrarlo porque nunca antes habían tenido contacto con otras mujeres y hasta ese momento habían tenido relaciones satisfactorias con hombres.

Asumir la identidad lésbica es, en la mayoría de los casos, un proceso largo que no siempre coincide con los inicios de los contactos físicos o la atracción hacia personas del mismo sexo. Para que se produzca esa auto-identificación como lesbiana o bisexual han de tenerse en cuenta diferentes factores: acceso a información sobre LBT; ideas previas sobre la homosexualidad; capacidad de construir una identidad acorde con la propia experiencia, etc.

Radiografía situacional

Hay un sentimiento generalizado de culpabilidad, miedo o ansiedad cuando empiezan a asumir su orientación sexual. Especialmente se produce un fuerte impacto psicológico a la hora de exteriorizar su identidad sexual, ya que tienen miedo de faltar al honor familiar y hacer algo contrario al Islam.

Khadija, una de las mujeres entrevistadas comentó que su familia sospechaba de sus sentimientos, por lo que un día el padre le dijo: “Ser lesbiana es aun peor que ser una prostituta. Una prostituta lo hace por necesidad, pero una lesbiana lo hace por vicio. La homosexualidad es una desviación, una enfermedad que será castigada en el día del Juicio Final”.

Muchas mujeres no entienden muy bien lo que les ocurre y tienen percepciones negativas de lo que significa ser una mujer LBT, tampoco saben dónde acudir por miedo a ser delatadas. Para llevar a cabo la investigación, intentamos mantener todas las precauciones posibles para que las mujeres se sientan seguras. Ninguna de las entrevistas se han querido desarrollar en persona. El anonimato que les ofrece el ciberespacio, nos está ayudando a acceder mejor a ellas.

Hajar por ejemplo, comentaba que “el acceso a internet y a las redes sociales me permitió entender mejor qué me pasaba”. Aun así, existe muy poco material específico para las mujeres musulmanas, ya que mayoritariamente se encuentra información relativa a la homosexualidad masculina o en percepciones patriarcales y misóginas del Islam.  También, algunas mujeres han comentado que las organizaciones LGTB suelen repetir los mismos esquemas islamófobos o estereotipados del Islam, especialmente en el caso de las mujeres musulmanas.

Mariam comenta: “Me acerqué en una ocasión a una organización de mujeres lesbianas y no quise volver más. La orientación que me dieron fue que para liberarme, debía abandonar el Islam, y en mi familia recibía el mensaje contrario, que para ser una musulmana de verdad debía de abandonar mis sentimientos por otras mujeres”.

Esta situación de ambivalencia es especialmente dañina para la salud mental de las musulmanas LBT que sienten que tienen que elegir entre su identidad religiosa o su identidad sexual, en vez de buscar una reconciliación entre ambas identidades. Por eso, es necesaria una formación e información en las organizaciones LGTB no musulmanas, marcadas por una secularidad agresiva.

Algunas de las mujeres transmiten que ser lesbiana parece que causa menos “crisis familiar”, porque el énfasis de la homosexualidad está puesta en los hombres, en parte porque las esperanzas de la sociedad y del linaje familiar se depositan en los hijos varones. También algunas mujeres comentan que las tendencias lésbicas de las hijas adolescentes, ayudan a las familias a aliviar el peso relacionado a la virginidad o a los embarazos fuera del matrimonio.

Otras mujeres sin embargo, opinan lo contrario y cuentan situaciones traumáticas. Familias que intentan buscar ayuda médica y que gastan un dinero que no tienen en terapias, buscando cada vez terapéutas que no fueran demasiado comprensivos con la tendencia LBT.

Amina, llegó a recibir terapia de aversión, a través de descargas eléctricas. Ella relata lo siguiente: “el tratamiento consistía en enseñar imágenes de mujeres y hombres. Si miraba a las mujeres, recibía una descarga eléctrica”. Así estuvo durante años, pasando de un terapeuta a otro, hasta que finalmente decidió seguir los consejos de su madre, se casó con un hombre y creó una familia. Ahora vive con el firme convencimiento de que la homosexualidad es obra de Shaytan.

El matrimonio con personas de otro sexo supone el remedio más extendido por las familias, especialmente en el caso de comunidades más tradicionales donde se convierte en algo prácticamente obligatorio. Ellas pueden intentar retrasarlo pero finalmente la presión familiar intentará buscar una pareja adecuada.

Ante esta situación, algunas mujeres aceptan el matrimonio con un hombre como algo inevitable reprimiendo sus sentimientos lésbicos o bien siendo conscientes de que una vez casadas, buscarán desahogar su verdadera orientación de forma oculta. La otra opción, es hacer pública su orientación sexual, arriesgándose a asumir todas las consecuencias.

Sumaya comenta el chantaje emocional que tuvo que sufrir por parte de su cuñado: “Me da igual tu vida o tus sentimientos, pero si oigo a alguien en la calle decir que eres lesbiana, me divorcio de tu hermana. Me quedaré con los 4 niños y la echaré de casa”. En ese momento Sumaya comprendió que su única salvación era la inmigración a Europa y vivir con total libertad.

Farida también recurrió a la inmigración, pero en un contexto diferente: “Me encerraron en casa durante meses, me prohibieron todo tipo de contacto con amigas. Buscaron un hombre en Europa para casarme y así no vivir la vergüenza. Acepté porque sabía que una vez allí, podría separarme y vivir en libertad”.

Lesbofobia

La lesbofobia es una manifestación del sexismo que designa a las mujeres lesbianas como inferiores o anormales, especialmente en el contexto musulmán. Ellas sufren una doble violencia: por ser mujeres y por ser homosexuales.

Las interpretaciones patriarcales del Islam, otorgan a las mujeres una situación de discriminación que las relega a unos roles determinados en función de su sexo. De ellas se espera que sean abnegadas amas de casa, que tengan hijos y los cuiden con dedicación, que se muevan, piensen o se comporten de una manera acorde a los estereotipos establecidos.

Las mujeres lesbianas rompen con ese modelo tradicional del patriarcado porque transgreden por un lado, el orden moral y político-cultural de la heterosexualidad y por otro lado, a la dominación masculina por elegir como compañera a otra mujer.

La lesbofobia musulmana, con todas las consecuencias externas e internas que produce, es la gran adversidad a la que tienen que enfrentarse las mujeres LBT para poder construirse una identidad sexual propia.

Se ha de buscar el equilibrio entre su vivencia homosexual y su experiencia espiritual más íntima para poder vivir en armonía consigo mismas.

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