A propósito del Feminismo Islámico

En los últimos años, el feminismo islámico está tomando un protagonismo merecido. Sin duda alguna, ha supuesto una herramienta para el acceso a aquellos círculos ateos que hasta entonces era impensable que se pudieran penetrar. Que un discurso basado en la creencia en una divinidad forme parte activa e integrante de un movimiento feminista global es algo que hasta hace unas décadas podría considerarse una utopía. Las barreras a las que nos enfrentamos son innumerables, no solo fuera, sino dentro de nuestras propias comunidades.

A medida que el feminismo islámico se visibiliza y se le otorga el reconocimiento público que merece, se consolida un rechazo visceral de esa misoginia que se infiltra en el interior de nuestras sociedades musulmanas.

De la misma manera que existe toda una serie de estereotipos y prejuicios en torno al islam y a las musulmanas, también se ha creado en el imaginario colectivo musulmán una idea distorsionada y deforme del hecho feminista. Aquellas personas que muestran su radical oposición al feminismo islámico lo hacen en base a un conjunto de ideas preconcebidas y erróneas de lo que creen que se alberga en el discurso feminista. Así, no es extraño escuchar y leer argumentaciones inexactas que se repiten de manera irracional. Las redes sociales permiten recoger qué opiniones existen, desde el interior de los grupos musulmanes, acerca del feminismo islámico y los presupuestos ideológicos/prácticos que se cree que se defienden.

Una de las primeras ideas que se reitera es la creencia de que el “feminismo es el antónimo de machismo”. Sobra decir a estas alturas que es un grave error hacer semejante afirmación, puesto que el discurso feminista intenta alcanzar una igualdad de derechos que el propio islam defiende. En los últimos meses he ido siguiendo algunos foros, observando otro tipo de aseveraciones desacertadas que no hacen sino generar confusión y desconcierto entra la propia población musulmana. De esta forma, se sostiene que el feminismo islámico “intenta destruir la familia” (la familia patriarcal nada tiene que ver con la cosmología islámica, por lo tanto, es preciso romper con una forma de vida contraria al islam); “defiende la homosexualidad” (verdaderamente, se lucha contra la homofobia, que en absoluto responde a la ética islámica, lo que cada persona haga en el interior de su alcoba es una cuestión entre ella y la divinidad); “el hiyab no es obligatorio” (el concepto coránico de hiyab no hace referencia al trozo de tela que cubre la cabeza de la mujer. Un acto de fe forma parte de la intimidad de la persona, por lo tanto, llevarlo a debate público supone violar un derecho fundamental que recoge el islam y la carta magna de cualquier sociedad); etc.

En definitiva, un sinfín de ideas estratégicamente distorsionadas para interponer una barrera de contención a un movimiento que pretende remover las bases de un sistema patriarcal, machista y misógino contrarios a la esencia del propio islam.

 

Publicado en Cambio16

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