Las urnas saudíes

Hace escasos días, la monarquía saudí tomaba una decisión que parecía histórica al admitir el voto femenino en las próximas elecciones municipales. De pronto, la controversia del mal llamado velo islámico quedaba aparcado para volver a repetirse el mismo esquema reduccionista y distorsionado del Islam frente a las mujeres. No se puede negar que cada país tiene su propia biografía particular, por lo que es arriesgado realizar generalizaciones sobre el sufragio femenino/masculino en los países de tradición islámica sin que se caiga en la tentación de presentarlo como un todo unívoco y monolítico.

Es preciso mostrar sin timidez la riqueza que el Islam posee en su pluralidad interpretativa, algo que se comprueba realizando una superficial ojeada a aquellos países que dicen estar regidos por la Sharia, pero que en el fondo no son sino la mera aplicación del Fiqh (jurisprudencia de corte islámico), y por lo tanto, sujeto a exégesis distintas. Aun así, más del 80% de la población musulmana vive bajo sistemas democráticos y las personas (mujeres y hombres) que viven bajo monarquías absolutistas no alcanzan ni el 0,5% del conjunto de musulmanes/as en el mundo.

Es lamentable observar cómo se ha producido una degradación de la tradición islámica y una tergiversación de los textos sagrados, especialmente con respecto a la libertad individual y a lo que hoy en día entendemos como democracia participativa. Es curioso apreciar que hace catorce siglos, en la misma zona geográfica donde hoy se está concediendo el voto femenino, se produjera un hito histórico al aplicar el principio de la Shura (consenso), posibilitando que mujeres y hombres participasen en igualdad de condiciones en la votación y decisión de su propio devenir.

Contrariando las enseñanzas islámicas, algunos países han expandido y promovido una serie de directrices que coartan la emancipación de las mujeres, tanto a nivel psicológico, social o económico como espiritual, porque no todo lo que hace un individuo/gobierno es islámico y mucho menos coránico. Por desgracia, tampoco se puede afirmar que los hombres vivan en una situación de privilegio absoluto, ya que son igualmente víctimas de regímenes autoritarios y totalitaristas.

Hay un profundo desconocimiento con respecto al derecho a voto femenino en la modernidad, ya que el sufragio femenino muestra una gran diversidad que se desconoce. En Azerbaiján, por ejemplo, fue reconocido en 1919, en Tayikistán en 1924, Turkmenistán en 1927, Turquía en 1930, Uzbekistán en 1938, Senegal e Indonesia en 1935, Pakistan e Iraq en 1948,  Siria en 1949, Argelia, Iran y Marruecos en 1963. En algunos países de población musulmana, las mujeres consiguieron el derecho al voto y a ser elegidas antes incluso que las grandes potencias europeo-occidentales.

Pretender justificar la situación de desigualdad de las musulmana en base al hecho religioso es moralmente inaceptable, porque niega la influencia económica, cultural, política e histórica que posibilitan tal opresión.

 

Publicado en Cambio 16

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