El camino a la recuperación de derechos islámicos legítimos

Durante varios días, he venido recibiendo una serie de llamadas y peticiones para que vierta mi opinión con respecto a la concesión del voto femenino en las próximas elecciones municipales saudíes. Evidentemente mi campo de especialización, formación y activismo se ha centrado desde hace décadas en el feminismo pero en esta ocasión, parece que el interés va mas encaminado por el hecho de que sea musulmana, lo que a priori, puede tener ese nexo de unión con las saudíes.

Aún así, me resulta curiosa esa tendencia a presentar el Islam como un todo unívoco, ahistórico y monolítico. Se calcula que en el mundo existen aproximadamente mil quinientos millones de individuos musulmanes, y es evidente que la forma de practicarlo es diversa y en ocasiones contrapuesta. Si tengo que hacer una comparativa con la mujer saudí, básicamente lo único que encontraré son diferencias evidentes no solo en cuanto al origen étnico y el idioma, sino en sí, cualquier aspecto de la vida diaria que nos identifique como musulmanas.

Hace ya un tiempo que llegué a la conclusión de que es un error reconocer el título de “islámico” a aquellos gobiernos que dicen regirse por la Sharia. La mal entendida Ley Divina no es sino un conjunto de leyes terrenales, cautivadas en la actualidad por un sistema patriarcal mutilador y opresor de los derechos fundamentales no solo de las mujeres, sino también de la ciudadanía en su conjunto. En el caso saudí, encontramos claros ejemplos de cómo el Islam ha sido pervertido en una serie de prácticas totalitaristas y de cómo se ha producido una degradación de la tradición islámica y una tergiversación de los textos sagrados.

Evidentemente, hay que observar con positivismo este reconocimiento que no supone otra cosa que ser capaces de poner en práctica el Islam genuino, reconociendo un derecho legítimo de la mujer a conformarse y desarrollarse como sujeto político en la esfera pública de la sociedad. Esa es la base del Islam.

Hay quienes acogen con asombro y entusiasmo este derecho al voto femenino, desconociendo que hace catorce siglos, en ese mismo lugar se producía toda una revolución liberal de la sociedad en clave de igualdad.  Mujeres y hombres participaban al 100% en igualdad de oportunidades en una sociedad regida hasta entonces por un sistema patriarcal.

Somos muchas las personas que llevamos tiempo reclamando la recuperación legítima de aquellos derechos concedidos en los textos sagrados y que han sido usurpados por intereses masculinos en beneficio político-personal. En la primera sociedad islámica de la historia, Medina, mujeres y hombres llevaban a cabo la democracia participativa, tomando las decisiones que afectasen a la comunidad. Ese es el principio de la Shura, el consenso, la votación y participación activa en el espacio público. Si eso fue así, si el propio Profeta Muhammad lo favoreció ¿en base a qué han prohibido el voto femenino?

Contrariando las enseñanzas coránicas, algunos países expanden y promueven una serie de directrices que coartan la emancipación de las mujeres, tanto a nivel psicológico, social o económico como espiritual. El caso que nos acompaña incluso perpetúa la minoría de edad de las mujeres, la cual pasará de la mano de su padre a la mano de su marido sin que ella pueda ejercer su derecho legítimo a ser/existir con absoluta libertad.

Es evidente que queda un largo camino por recorrer para que se pueda considerar una sociedad islámica de verdad. Que se conceda el voto femenino en la misma semana en la que se va a juzgar a una mujer por conducir, es un ejemplo sintomático de las incongruencias de un sistema que dice ampararse en el Islam, pero como se aprecia en las experiencias de otros lugares, esas mismas prohibiciones son admitidas con total naturalidad y normalidad.

 

Publicado en La Independent

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