Lo que no nos queda de Al Andalus hoy

Resumen de la conferencia impartida en el Congreso 1300 años de Islam Andalusí (3 de Diciembre de 2011)

Me gustaría empezar aclarando que no soy ninguna experta en Al Ándalus, por si alguien está esperando de mi exposición un aporte novedoso centrado en esa etapa de la historia ibérica.

De igual forma, cuando se me suele invitar a hablar en el ámbito académico suele basarse más en mi condición de musulmana española, que como intelectual que aporta un punto de vista más objetivo, como si la opción musulmana y estudiosa fuesen un oxímoron.
Es obvio que no vengo a hablar del Al Andalus, puesto que he sido invitada a participar en esta segunda mesa cuyo título es ¿Qué queda hoy del Al Andalus? En la parte que me corresponde, me gustaría modificar el título y hablar de LO QUE NO QUEDA HOY DEL AL ANDALUS.
A excepción de lo visible y de lo tangible, de la arquitectura, del arte y poco más, todo parece apuntar al relato de una historia ajena al contacto islámico. Hay una pregunta que se repite en diferentes esferas ¿ES EL ISLAM PARTE DE NUESTRA IDENTIDAD? Creo que mi mera presencia en este espacio, como musulmana cuyos orígenes desde hace siglos tiene sus raíces en Galiza, debería de ser suficiente para dar una respuesta obvia. ¿Cómo no va a formar parte el Islam de NUESTRA identidad? El Islam forma parte de mi identidad y a la
vez pertenezco a ese NOSOTROS.
Ahmad al-Rawi, presidente de la Federación de las Organizaciones Islámicas en Europa dijo una frase repleta de sabiduría: “Europa es nuestra casa y el Islam nuestra religión”.
En todas las sociedades se van generando toda una serie de experiencias históricas internas que ayudan a construir la identidad grupal, tanto la propia, es decir el “yo” como la del “otro exterior”, que termina convirtiéndose a la larga en algo ajeno a lo que se entiende como la cultura inherente a ese país.

El Islam en la península ibérica cuenta con una larga historia, ya que desde su llegada hace 1.300 años ha seguido estando presente, aunque no siempre se haya querido visibilizar. La diferencia viene dada por la situación actual y la manera en cómo el Estado gestiona esa presencia musulmana, retratada casi desde una caricatura monolítica y uniforme.

Hay momentos concretos, subrayados en tres hitos históricos que han influido en la elaboración de nuestra alquimia identitaria nacional, así como esa otra manera de definir al “otro exterior”, es decir, el perteneciente al mundo islámico: Reconquista; Colonización y; Guerra del Golfo

 

Reconquista
Sin género de dudas, existe un momento significativo para la creación de la identidad nacional, estrechamente relacionado con un acto fundacional enormemente excluyente e intolerante. El fin de la historia de Al Andalus y la expulsión con los Reyes Católicos, de los “otros-nuestros”, es decir, de judíos y musulmanes de la Península ibérica.

Lo hispánico elabora su propia identidad nacional en base al mito de la expulsión del “otro”, de ese “otro” no olvidemos, que era un “nosotros mismos”. Se vincula lo hispánico a lo visigodo y a lo romano, saltándose toda la realidad de la experiencia andalusí. Una aportación que es vinculada al oriente, a lo árabe (Bagdag, Damasco, Marrakech…) y que además tenía dos
componentes religiosos diferentes del cristiano: el judío y el musulmán.

A partir de ahí, se crea un discurso que se sigue repitiendo hasta la actualidad con la inmigración “musulmana”: los musulmanas son incapaces de integrarse en nuestra sociedad, en nuestros valores, en nuestra cosmovisión, etc.
Son un quiste inasimilable que debe ser expulsado de nuestra identidad, produciéndose una limpieza “confesional” no solo a nivel de individuos sino incluso de las aportaciones culturales, de pensamientos, filosóficas, etc. Según se va produciendo el “renacer” de Europa, se empieza a dibujar una nueva ideología a través de la cual se va a sustentar la explicación fundacional del
rico pensamiento europeo, que llevará a la Ilustración.

El enorme valor simbólico sobre el que se sustenta, lejos de llevar a una reconciliación ética y moral con los otros pueblos y las otras culturas, parte una vez más de un hecho excluyente basado en un aporte ideológico. Factor que va a seguir perpetuándose hasta la actualidad. El resultado del pensamiento europeo renacentista y de Ilustración, reflejado incluso en nuestro sistema educativo actual, se sigue basando en las concepciones de que las fuentes que nutren el recorrido histórico, desde la antigüedad hasta nuestros días son grecorromanas.

De esta forma se produce una expulsión autoritaria de la aportación de las otras culturas. No es objetivo en términos históricos, porque la realidad es totalmente contraria. Lo que ha prevalecido a la riqueza histórica mundial fueron los intercambios. Sin los valores filosóficos, humanitarios y
de pensamiento que provenían del Oriente, el pensamiento europeo no habría podido desarrollarse.
Colonización
Otro hecho histórico que va a profundizar esta percepción, es el momento de la colonización que se produce entre el siglo XIX y XX. Europa va a vivir una esquizofrenia caracterizada por un etnocentrismo del que todavía no ha salido. Se autoproclama, desde la teorías de la Ilustración en adelante, como el modelo político, de pensamiento y de valores universal más avanzado.

De esta forma, se cree firmemente que todas las aportaciones del modelo representativo que conducirá al modelo democrático, constituyen unos elementos de los valores europeos. La contradicción viene cuando esa misma Europa tiene otros objetivos fuera de sus fronteras. De facto, en el interior de sus territorios nacionales, va a desarrollar unos valores positivos para el
hombre (y no así para las mujeres), pero cuando sale de sus fronteras, emerge la Europa mercantilista, la Europa que tiene mente de empresa colonial, hegemónica y totalmente destructora.

Todos los derechos que proclama en territorio propio, lo va a violar de manera radical fuera de sus fronteras, en sus colonias, a través de la dominación política, de la explotación económica, etc. Fruto de esta contradicción, el proceso colonial europeo tuvo que crear una argumentación de tipo moral y ético que justificase esa contradicción de la defensa de los valores de los derechos humanos y de la democracia dentro de Europa, para los europeos y su violación en el exterior.

Ese es el momento en el que se crea un discurso colonial: Europa representa la civilización. Surge así el concepto de la civilización en defensa de las contradicciones que Europa estaba cometiendo. Se autoproclama la  civilización y define a “los otros” como pueblos inferiores, pueblos retrasados, bárbaros, o salvajes.

De esta forma, Europa que se autodefine como la portadora de la “civilización universal”, se ve en la obligación ética y moral de llevar la “civilización” a los pueblos “inferiores y retrasados”, incluso en contra de la voluntad de esos pueblos. Se fabrica todo un discurso colonialista basado en explicaciones esencialistas con respecto a los otros pueblos. Indudablemente, se lleva a cabo
una identificación y definición de todos aquellos elementos culturales, sociológicos y antropológicos de esas otras sociedades, definidos como retrasados, es decir, contrarios al progreso.

Todo aquello que viene con denominación de origen propia de lo islámico, va a ser definido desde ese periodo colonial hasta la actualidad como antimoderno y en consecuencia, un obstáculo para el progreso. De esta forma, la única alternativa de salvación, por la cual los europeos “generosamente” van a
colonizar esos pueblos, es la de civilizarse, entendiendo civilizar como sinónimo automático de  europeizarse. Europeizarse es la única concepción unilateral de modernizarse.

Por ejemplo, durante toda esa época, la lengua árabe se definició y se catalogó como la lengua del retraso, enfrentándola a las lenguas de la modernidad: el francés y el inglés. Especialmente en todas las zonas de colonización francesa, hubo un proceso de desarabización profunda. La lengua árabe, fue sacada del sistema educativo de esos países y fue sustituida por el francés.

De ahí los problemas que hubo después de arabización de los países del Magreb. El caso de Argelia, es un caso extremo, porque fue un proceso de colonización totalmente asimilacionista.

La lengua árabe por lo tanto se convirtió en la lengua de los indígenas, que era la lengua del retraso. Todo lo que venía de la tradición de esos países en cuanto a la religión, fruto de su propio proceso histórico ajeno a Europa, fue catalogado como antimoderno y por lo tanto debía ser erradicado.

La visión esencialista y racista de TODOS SON UNO, convierten a todos los musulmanes en masas grupales que funcionan robóticamente por el simple hecho de tener como base el Islam.“Si queremos que esos pueblos se liberen, lo que tienen que hacer es prescindir de sus propias identidades”, es decir, el mejor musulman será el que deje de ser y de prácticar al máximo el Islam.
Guerra del Golfo
Otro hecho fundamental, es lo que ocurre durante la guerra del Golfo en 1991. Hay quienes opinan que el 11S marcó una nueva era, y es cierto que a partir de esa fecha se dan unas circunstancias nuevas que se suman a lo que ya se estaba estableciendo como un nuevo orden internacional.

Pero lo cierto es que en el marco de la guerra del Golfo se coincide, y no por azar, con el derrumbe de la guerra fría. Se derrumba la URSS en donde la única potencia victoriosa, se convierte en superpotencia, que va a tener el  monopolio a escala mundial. En ese momento surgeuna nueva era.

La zona de Oriente Medio se convierte en un lugar central de actuación, por muchas razones, siendo el control del petróleo una de las más importantes, aunque no la única. El lugar estratégico que ocupa Israel – fiel aliado de los EEUU- es otra de las razones de peso a tener en cuenta. EEUU monopoliza la nueva política occidental, basada en una superhegemonía de control de corte neocolonial.

Se vuelve a recurrir, una vez más, a la cuestión culturalista a partir de la cual se diseña, no por casualidad, la teoría del choque de civilizaciones. Esta ideología refleja una imagen demonizadora de esos pueblos e individuos.

Samuel Huntintong, su principal precursor establece que el factor explicativo que permite entender las razones de los conflictos es el hecho cultural, dejando de lado el análisis político. Desde el punto de vista de este autor y sus seguidores, existen unos valores inherentes al Islam que son inevitablemente antagónicos del sistema occidental.

Este antagonismo va a generar 2 modelos hegemónicos que van a tener que enfrentarse y que chocar en función del modelo cultural de los unos sobre los otros. Plantea un concepto de civilizaciones de una manera esencialista, como núcleos monolíticos, cerrados, ajenos los unos a los otros y en definitiva, determinados a enfrentarse. El problema del Choque de Civilizaciones plantea un hecho que ha ido creciendo progresivamente.

 

Conclusiones

Justamente todo lo que concierne al mundo árabe musulmán tiene una clara falta de rigor científico y se admiten verdades absolutas sin contrastar. Hemos llegado al punto de que cualquier ignorante (en términos cientificos), asevera con absoluta certeza, la interpretación global de todo ese mundo diverso. Esto es muy grave, porque se pierde la autoridad del saber, como el reconocimiento del que tiene conocimiento.

Se le otorga a cualquiera que habla desde una perspectiva estereotipada, emotiva, personal e islamófoba a definir la realidad de estos países otorgándoles un reconocimiento intelectual que es impensable que se les diera en otros campos. Se abre la puerta a los “friquis” oportunistas que hablan desde enfoques viscerales antiarabe y antimusulman.

Es curioso, porque todas las noticias e información que concierne al mundo musulman se caracteriza por la imagen. ¿Cuál es la representación de la imagen mayoritaria, absolutamente monopolizadora que ilustra lo que pasa en el mundo árabe islámico?

Siempre la representación de las masas, es decir, el individuo no existe. Está al servicio de alimentar el imaginario colectivo, comunitarista de TODOS SON UNO. Evidentemente, se recogen imágenes de masas representadas en el momento más irracional pero sin explicación que dé racionalidad de ese momento fuertemente emotivo.

Visión comunitarizada, todos son autómatas de manera colectiva, en el momento de la rabia, de la violencia… Para los lectores, es muy difícil identificarse con las masas. Por ejemplo, en el conflicto Palestino-Israelí. La imagen de la parte israelí, está identificada por el individuo ante la
muerte en algún atentado. Tú te identificas con el dolor de ese ser humano.

Cuando los muertos son palestinos, la imagen es de la masa, con rabia en entierro colectivo, si puede ser con las metralletas en las manos… ¿quién puede identificarse solidariamente con ese dolor colectivo?

La segunda característica general cada vez que se nos habla del Islam, incluso en términos positivos, cuando se quiere trasmitir esa imagen bienpensante pero enormemente tramposa: “El Islam es una religión pacífica” tiene tras de fondo una sospecha de que es lo contrario, cuantas tantas veces tienen que trasmitir que el Islam es tolerante y pacífico es porque igual no es tan
tolerante y pacífico.

Las imágenes que se repite hasta la saciedad: los hombres musulmanes en la mezquita haciendo la oración. Un mundo de hombres, siempre dentro de las genuflexiones, en una línea infinita de culos musulmanes, en una misma postura igual para todos: TODOS SON UNO y todos sometidos al Islam, luego, no existe el individuo con su propio proyecto personal sino que el Islam los domina y los predetermina. Tiene un mensaje subliminal fuerte y peligroso, que el lector no descodifica, pero sí le entra en el subconsciente, sobre todo con la frecuencia sistemática en la que se repite.

Hay una selección de imágenes y noticias sensacionalistas. Expertos en la materia, afirman que siempre se comenta lo que es más improbable que ocurra, es decir, lo más excepcional. Quienes  ocupan la centralidad generalizando todas las situaciones, es siempre lo más extremista, lo más
excepcional. Siempre se explica todo desde la percepción islámica, independientemente de si las causas de lo que ocurre tiene que ver por cuestiones políticas, sociales, económicas, etc.

El Islam, se ha concebido desde hace siglos como una religión ajena a la construcción histórica nacional. Observar el desarrollo que el Islam ha tenido en las distintas sociedades europeas, y más concretamente en el caso español es un proceso deslumbrante que pone sobre la mesa una realidad silenciada y ocultada.

Es hora, de que el Islam deje de ser presentado en un siglo XXI definido por las libertades, como una confesión de “inmigrantes” y tome el lugar que le corresponde como experiencia genuinamente, también, autóctona.

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