El comercio de la miseria humana

Recientemente, han sido detenidas en Huelva dos personas que se hacían pasar por abogados con el objetivo de engañar a personas inmigradas en situación irregular. Tras la denuncia emitida por una mujer nigeriana, los falsos abogados fueron detenidos y procesados judicialmente por estafar a extranjeros para conseguirles permisos de trabajo y residencia a cambio de 6.000€. El temor a ser expulsados impedía a la mayor parte de las víctimas denunciar a estos dos delincuentes que tras recibir el dinero, abandonaban los casos.

La valentía de la joven nigeriana, hizo posible la detención y posterior procesamiento judicial para quienes no poseen escrúpulos en aprovecharse de la situación de vulnerabilidad de determinados colectivos, como es el caso de las personas que carecen de papeles administrativos que permitan la residencia y/o trabajo en territorio español.

A principios de los años 90, se calculaba que había en Europa 2,6 millones de inmigrantes clandestinos, según las estadísticas de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), cifra que ha ido en aumento en el transcurso de la última década, a pesar de las políticas de control y de la protección fronteriza en la construcción de la Europa fortaleza.

No puede negarse la situación geográfica de España, que la convierte en la puerta de entrada a ese mundo soñado para miles de personas de otras partes del mundo. En 2004, se posicionó como la segunda nación dentro de los treinta países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Aunque las cifras apuntan a la existencia, hoy en día, de cerca del millón de personas en situación irregular, los datos no pueden ser exactos, dado entre otros factores a la movilidad del colectivo y a que no todas las personas inscritas en los distintos padrones municipales residen en territorio español, ya que la crisis económica que sufre España, ha empujado a muchos a buscar oportunidades en otros países europeos.

Europa se ha convertido para algunas sociedades, en ese sueño dorado en el que se depositan las esperanzas para encontrar una calidad de vida mejor, unas leyes y prácticas de derechos más justos y democráticos, y un espacio en el que poder trabajar para alcanzar ese bienestar social que tanto se promueve desde el contexto occidental.

El camino para algunas personas es largo, e incluso costoso. La distancia de kilómetros culmina con un “paraíso” idealizado al mejor precio. Y es ahí donde entran en juego personas sin ningún tipo de recelo para aprovecharse de los sueños y necesidades de quienes arriesgan e hipotecan su futuro en busca de mejoras individuales y familiares.

Las formas de acceso al espacio europeo son diversas, aunque ya existen estadísticas que muestran que más del 80% de las personas en situación irregular en España entraron con un visado de turista a través del espacio aéreo, algo que rompe con el estereotipo de la inmigración llegada en “patera”. Aun así, sigue siendo una realidad que deja demasiadas vidas en el estrecho que separa ambos continentes.

Las personas que se encuentran en situación de irregularidad en el Estado español, podrían distinguirse en base a si entraron sin papeles; con papeles falsificados; con un visado de tiempo limitado o que poseían un visado de trabajo y se les caducó estando en territorio español.

Islamico.org ha accedido al testimonio de cuatro personas que ante estas casuísticas han recurrido a los servicios de personajes que sacan provecho de la inmigración irregular para convertirlo en un negocio ilegal.

Rachid, podría decir que se cumple el dicho de “a la tercera va la vencida”. Tras dos intentos fallidos, finalmente consiguió llegar a España escondido en los bajos de un camión: “Antes lo había intentado en patera, pero nos deportaron nada más llegar a la playa. La segunda vez intenté colarme entre las mercancías de un camión y nos sorprendieron a mí y a otros 4 paisanos en la aduana española. La tercera lo probé metido junto al motor de un camión, pagando 600€ al guardián quien ya había dado el aviso a los policías”.

Sin duda alguna, este es el grupo que más riesgo corre por la inseguridad que conlleva el transporte. Las cifras hablan de miles de personas que mueren en las aguas del Estrecho, en el intento desesperado de pasar al “continente dorado”. Para los que vienen en patera, las condiciones llegan a ser infrahumanas.

Mi madre vendió todas sus joyas de oro para poder pagar el billete de la patera. Fueron 1.000€ y no sirvieron para nada, porque en cuanto nos cogió la policia nos mandaron de vuelta para Marruecos y no nos devolvieron el dinero. Pero yo tuve más suerte, sabemos que hay gente que no regresa nunca, que se caen de la barca o la tiran y se ahogan porque no saben nadar. Nosotros ibamos 20 personas y allí no habia sitio ni para 10, pero o lo tomas o lo dejas. En el segundo intento, lo tuve que hacer escondido entre la mercancía porque ya no tenía dinero para pagar. En el tercer intento, me quedé unos meses buscándome la vida en Tanger hasta conseguir los 600€ para pagar el pasaje junto al motor del camión”, comenta Rachid.

Abdelhaqq es igualmente de origen marroquí y queriendo seguir el paso de sus primos y hermanos hizo todo lo posible para conseguir un visado de trabajo en España, a través de las contrataciones en origen. No tuvo suerte, por lo que dejando atrás un futuro incierto en un país con un alto índice de paro juvenil, se puso en contacto con algunos traficantes de personas que se dedicaban a falsificar documentación. Al poco tiempo del primer contacto, fue detenido acusado de robo, en una redada policial mientras iba a recoger su nueva documentación. Pasó varios meses en prisión, una historia “que es mejor olvidar” y en la que por suerte se pudo demostrar su inocencia. Finalmente pudo conseguir su documentación falsa, un pasaporte con el visado de trabajo y un carné de identidad italiano que le permitía el acceso a territorio europeo.

Tenía mucho miedo de que me cogieran en la frontera. Pagué 9.000€ a aquel hombre para conseguir la documentación. El plan era claro: una vez pasada la frontera me quedaría en España y si había cualquier problema, enseñaba la documentación italiana. Pasé la frontera sin problemas, yo creo que porque los propios policías están comprados. Estuve viviendo en Madrid, en casa de unos familiares, pero no había demasiado trabajo. Salían algunas cosas pero nada constante. Un día por la noche, me paró la policía y me pidió la documentación. Me llevaron a comisaría y estuve allá 72 horas encerrado, en unas condiciones horribles. Había mucha gente, la mayoría inmigrantes y la mayoría también con documentación falsa. Nos trataban como a perros. Luego tuve el juicio y me dejaron en libertad así que me fui a Francia, a casa de mi hermano. Allí conseguí otra documentación, un carné de conducir portugués por el que pagué 800€. Mi madre tuvo que vender sus propiedades y joyas para pagar todo esto”.

Otras personas, sin embargo, entraron en España con un contrato de trabajo. Ese fue el caso de Yibril, que llegó como temporero a los invernaderos en El Ejido (Almeria). “Aquello era un infierno, un calor insoportable a más de 50 grados y en unas condiciones de esclavitud. Muchas horas de trabajo, poco descanso y el sueldo reducido. Después nos íbamos a las naves a dormir, sin agua… Después me hablaron de unos trabajos en la construcción en Navarra y me fui para allí. Ganaba mucho más y las condiciones eran mucho mejores. Me pude alquilar un piso y ahorrar dinero para ir mandando a mi familia. Cuando se me terminó el visado temporal, decidí quedarme. El problema es que necesitaba un contrato de trabajo para quedarme legalmente [regularmente]. Un paisano me ofreció hacerme un contrato en su empresa. Me pidió 5.000€ para pagar la seguridad social y a la gestoría. Se lo pagué y conseguí renovar mis papeles después de cuatro años trabajando en negro”.

El caso de Chakib se produce después de llegar a España con un contrato en origen. La empresa para la que trabaja entra en quiebra y todos sus trabajadores se quedan en el paro. La prestación por desempleo se agota al tiempo que España entra en una crisis económica, lo que dificulta aun más que este joven marroquí pueda acceder a otro puesto de trabajo.

He trabajado toda mi vida como camarero, pero estoy dispuesto a trabajar en lo que sea. Todas las mañanas voy a buscar trabajo, pero con la crisis, la gente no quiere a los marroquíes. Llega el momento de renovar la tarjeta, y me encuentro que no tengo ninguna oferta de empleo… Me deniegan la tarjeta y me quedo en situación irregular. Decido acudir a un abogado, para que me ayude a paralizar la carta de expulsión. Le llevo pagados cinco mil euros, y todavía no he conseguido mis papeles. Siento que me está robando, me dice que me va a conseguir un contrato de trabajo y que le de dinero. Le doy el dinero y me quedo sin dinero y sin contrato ¿dónde le denuncio? Si le denuncio, tengo miedo de que me expulsen. Ahora mi única solución es arriesgarlo todo y marcharme a Francia a trabajar, porque allí hay más posibilidades que en España. Además, en España hay mucho racismo con los marroquíes. Eso lo notas cuando vas por la calle. La gente no nos quiere, ni para que vivamos aquí ni para que trabajemos… Yo a Marruecos no me puedo volver ¿con las manos vacías? Mis padres han pagado mucho dinero para que yo pueda estar aquí y todavía hay una deuda que tenemos que pagar”.

Lo que la mayor parte de las personas desconocen es que la normativa sobre Extranjería concede beneficios a quienes colaboren con las fuerzas policiales para reprimir la delincuencia y ya se han dado varios casos de inmigrantes que han obtenido permisos de residencia gracias a esta colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Combatir las mafias que operan en el tráfico de seres humanos y la delincuencia en torno a la miseria de los seres humanos, debe ser duramente combatida para acabar con ese comercio indigno que gira en torno a la irregularidad de un documento que acredite los derechos de una persona.

Publicado en islamico.org

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