MUJER Y REVOLUCIÓN: Reflexiones para la descolonización ideológica

Resumen de la charla impartida en las Jornadas ‘Ideas para cambiar el mundo‘ impulsadas por En Lucha Sevilla, bajo el título “Mujer y Revoluciones árabes”

En estos últimos meses he participado en varias mesas redondas relacionadas al tema de las revoluciones que se están produciendo en países de mayoría árabe y siempre me surgen una serie de dudas en cuanto a mi participación. Tal vez, una primera pregunta que me viene a la mente es la de saber por qué me llaman, por qué se me relaciona con acontecimientos que suceden en el Magreb o en el denominado mundo árabe si yo no pertenezco a estas sociedades, ni tan siquiera, hasta donde yo sé, mis orígenes tampoco son árabes.

A partir de ahí, sigo cuestionando mi participación en este tipo de eventos, dado que no soy politóloga, ni experta en política internacional -a veces me pregunto si realmente soy experta en algo-. Lejos de cualquier sutileza, de pronto caigo en un dato importante: la correlación constante que se realiza entre el Islam y el mundo árabe. Obvio desarrollar más esta idea. Creo que basta puntualizar que sólo un 15% de la población musulmana a nivel mundial pertenece a sociedades árabes, con ciertas puntualizaciones en las cuales no entraré a desarrollar en este espacio. A buen entendedor, sobran las palabras.

Podría pensar que se me invita por mi condición de investigadora en el Instituto de Estudios Euromediterráneos de la Universidad Complutense de Madrid, o incluso como experta en materia de género, pero no nos engañemos. Todavía queda un largo camino por recorrer para que una mujer musulmana, en la sociedad española, obtenga el reconocimiento científico del saber, porque eso rompería con la imagen estereotipada construida en torno a nuestro colectivo. De manera caricaturesca parecería que se nos invita a participar en estos eventos para corroborar una vez más que las mujeres musulmanas seguimos estando sometidas, en una visión unidireccional y carente de profundidad o rigor científico. Retomaré esta idea más adelante.

Sin embargo, en esta ocasión se me invita para participar en un evento en el que se conjugan dos términos que, desde mi punto de vista, están directamente relacionados. Mujer y Revolución. Una vez más, tengo que felicitar a las compañeras y compañeros de En Lucha Sevilla por la elección del título de esta mesa redonda porque permite, en el marco del siglo XXI reflejar un amplio abanico de realidades a escala mundial, donde las mujeres siguen, o seguimos, siendo protagonistas.

Según la Real Academia Española, ese organismo caracterizado por su sensibilidad de género (léase con un evidente sentido irónico), define estos dos términos de la siguiente forma:

Mujer: 1. f. Persona del sexo femenino.

Revolución: 1. f. Acción y efecto de revolver o revolverse.
2.f. Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación.
3. f. Inquietud, alboroto, sedición.
f. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa.

Si no me falla la vista, la memoria y el sentido, soy una mujer y revolucionaria por excelencia, porque encajo a la perfección en las definiciones arriba señaladas. Por lo tanto, no puedo negarme a participar en un espacio en el que indirecta o directamente, también se habla de mí y donde me siento profundamente identificada.

Podría hablar de tantas cosas: de mis propias experiencias revolucionarias; de las historias de mujeres activistas en Nicaragua, México, Euskadi o Senegal… testimonios transmitidos en primera persona, pero el tiempo apremia, por lo que intentaré centrarme en las luchas de las mujeres musulmanas, que es al fin y al cabo mi campo de especialización.

Extraigo una frase que me ha gustado de la presentación de estas jornadas “La crisis económica global pone de relieve el fracaso del capitalismo”, un sistema totalmente arraigado al patriarcado y que se ha extendido por todo el mundo. En su camino de expansión, sigue devorando a los colectivos más vulnerables, de entre ellos hago especial referencia a las mujeres.

Hace un siglo, el poeta tunecino Abu Alqasim Al Shabi, escribía acerca de la necesidad de alcanzar 3 puntos para lograr sociedades más cohesionadas: liberación; libertad y modernidad. Un siglo mas tarde, otros poetas y poetisas recogían el relevo aclamando lo que es legítimo: un estado al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio del Estado.

Y es precisamente el papel de las mujeres el que más parece haberse destacado como mecha inicial, presentado entre perplejidad y admiración ante el coraje de plantarse frente a sus opresores y plantar cara con unas agallas que culturalmente hubieran debido de pertenecer a los hombres. De alguna u otra manera, los medios parecen habernos querido decir que la participación de las mujeres en estas revoluciones ha sido un hecho histórico y novedoso pero ¿eso es realmente así? En absoluto que no.

Vivimos en un mundo forzado por los estereotipos y es difícil salir de ahí. El conocimiento que se tiene de los pueblos del sur, especialmente de los mundos árabes etiquetados como islámicos, se va adquiriendo a través de los medios de comunicación. Medios que más que informar, deforman. Medios que más que aplicar el principio de complejidad, aplican el principio de simplificación.

Se tiene un conocimiento básico, superficial y elemental sobre las mujeres musulmanas, intencionadamente construido. Afirmo con rotundidad que el conocimiento que la sociedad española tiene sobre las mujeres árabes en general, y sobre las musulmanas en particular se mueve entre dos variables: el conocimiento simplificado a través de estereotipos y la ignorancia enciclopédica.

Retomo las palabras de la poetisa bahreiní Ayat al-Qarmezi, que no hace muchos meses pronunciaba en uno de los tantos actos reivindicativos: “Somos el pueblo que matará la humillación y asesinará la miseria, ¿no oyes sus gritos, sus alaridos?” Estas palabras bastaron para que fuese condenada a un año de prisión, después de que un tribunal militar la acusara del delito de haber participado en manifestaciones ilegales, alterado la seguridad pública y hacer apología del odio al régimen.

Ejemplos como el de Ayat han servido para enaltecer una vez más el supuesto papel subordinado de las musulmanas. Parece que existe un estado de perplejidad, como si las musulmanas hubieran roto el silencio ahora, como si el Islam fuese el causante de su (nuestra) desdicha y como si las influencias de modernidad occidental fuesen el ejemplo que deben de seguir para liberarse.

Es curioso porque cuando se hace una búsqueda de las luchas de liberación femenina, la historia es contada desde un punto de vista occidental. Es raro encontrar en los estudios de género europeos, mención alguna a los feminismos sudafricanos, árabes, islámicos o católicos. Insisto en una idea que para mí es fundamental y que daría para unas jornadas exclusivas: la necesidad de descolonizar el feminismo. De forma inconsciente, determinadas corrientes feministas seculares han asumido el mismo esquema patriarcal de dominación, situando a las musulmanas en el lugar de la carencia simbólica, cosificándolas (cosificándonos) como objetos pasivos de estudio sobre los que dirigir nuestras propias acciones.

No olvidemos un tema crucial: la historia ha sido contada desde un dominio de la mirada arraigada a la experiencia masculina, a pesar de que las musulmanas han sido parte activa en las revoluciones, aunque no siempre han sido contadas en público. Esa es la fuerza del patriarcado: haber conseguido que las mujeres hayamos quedado invisibilizadas, denigradas así como excluidas del lenguaje y por lo tanto, de la socialización histórica. Lo que no se nombra, no existe.

Remarco una vez más, la necesidad de comprender que la historia del Islam y las revoluciones activas han sido contadas desde el prisma androcéntrico y “arabista/eurocéntrico”, por lo tanto, a las mujeres se les ha negado la posibilidad de existir y de formar parte de la historia.

A pesar de lo mucha gente cree, concibo el Islam no como una religión, sino como una acción verbal enlazada a una Revolución liberal en clave de igualdad que viene a romper con un Antiguo Régimen. Ya en sus orígenes, nos encontramos con elocuentes discursos feministas y de mujeres revolucionarias que reivindicaban su espacio en igualdad de condiciones, y así ha sido durante siglos ¿cuál es la diferencia? que ahora se ha querido visibilizar porque por algún motivo ha interesado.

No debemos olvidar que a medida que se van produciendo los procesos de descolonización europea, las mujeres empiezan a acceder a la educación y por lo tanto, empiezan a tomar conciencia de su propia tradición histórica. Ser consciente de que en los inicios del Islam, las mujeres participaban al 100% en igualdad de oportunidades en la vida pública, despierta el sentimiento de querer reivindicar algo que es legítimo y convertirse en sujetos políticos activos.

El paso de las musulmanas por las revoluciones actuales vienen de la mano del deseo de cambiar el mundo, porque la educación ha sido su verdadera arma de empoderamiento. Empieza a surgir así un cuestionamiento de dogmatismos, negaciones e imposiciones que les son ajenas a la esencia islámica. Pero por encima de todo, hay una valoración extrema de algo que no se posee: la libertad. Libertad como mujeres y libertad como ciudadanía. Por lo tanto, la base fundamental de las revoluciones actuales radica en la lucha contra la tiranía y la corrupción, dos ejes fundamentales de la justicia social

Resumen de la conferencia impartida en En Lucha Sevilla. 13 de abril de 2012

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