Hacia una identidad musulmana

Es cada vez más necesario que las personas musulmanas en España y en Occidente en general, realicen un esfuerzo para definir su propia identidad, sabiendo buscar el equilibrio entre la condición de ciudadanos y ciudadanas en/de Occidente, sin que por ello se tenga que perder el punto de mira de la vivencia musulmana.

Ahmad al-Rawi, presidente de la Federación de las Organizaciones Islámicas en Europa (FIOE) no duda en considerar que “Europa es nuestra casa y el Islam nuestra religión”. Cada vez con mayor fuerza, las personas musulmanas sienten la necesidad de trasladarse de esas invisibles periferias a un centro más visible y justo.

El Islam, se ha concebido desde hace siglos como una religión ajena a la construcción histórica nacional. Observar el desarrollo que el Islam ha tenido en las distintas sociedades europeas, y más concretamente en el caso español es un proceso deslumbrante que pone sobre la mesa una realidad silenciada y ocultada. Es hora, de que el Islam deje de ser presentado en un siglo XXI definido por las libertades, como una confesión de “inmigrantes” y tome el lugar que le corresponde como experiencia genuinamente, también, autóctona.

Una característica fundamental del Islam es su capacidad innata para adaptarse al contexto del país en el que se encuentra, prueba de ello se halla en los orígenes de la revelación coránica cuando la primera población musulmana pudo vivir bajo sistemas islámicos (como fue el caso de Medina), hasta Estados no islámicos (ejemplo de Abisinia, más conocida hoy en día como Etiopía).

Tariq Ramadan, a diferencia de otros discursos parte de la opinión de considerar un “Islam europeo”, a través del cual “la gente musulmana puede vivir de modo seguro teniendo garantizados sus derechos fundamentales y, como minoría en un contexto no musulmán, puede practicar y respetar los aspectos más importantes de la doctrina islámica”.

Es ahí donde entra en juego el principio del permiso original, al-ibaha al-asliyya, desde el que la población musulmana puede tomar los aspectos positivos de otras culturas, y postularse abiertamente como ciudadanía musulmana en un determinado país.

Por consiguiente, es totalmente factible empezar a definir una nueva identidad musulmana, que ya no está tan referida al país de origen, sino que afirma una identidad determinada esencialmente por la espiritualidad, independientemente del lugar de procedencia y que reivindica una ciudadanía de pleno derecho.

Publicado en Nurain Magazine

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