Mercurio en el asfalto, la tragedia de Choropampa

El 2 de junio se ha convertido en una fecha señalada para el pequeño pueblo andino de Choropampa. Todo comenzaba ese viernes del año 2.000, entre las cuatro y las seis y media de la tarde, cuando un camión de la minera Yanacocha derramaba accidentalmente 151 kg de mercurio líquido a lo largo de decenas de kilómetros de la vía que atraviesa la comunidad de Choropampa. El sol del atardecer, hizo que el mercurio brillara con más fuerza sobre el asfalto y que atrajera la curiosidad de los pobladores de la zona.

Ahí comenzó una tragedia de la que todavía siguen pagando sus consecuencias, “una muerte en vida” como asume Francisca Imelda Guarniz, una de las afectadas por aquel fatídico derrame. Se acerca despacio, con dificultad para andar a pesar de tener 56 años, esa es una de las secuelas de la contaminación. Cuenta que su casa se encontraba en la zona alta del pueblo, aquella en la que más derrame se produjo. “Toda la pista estaba esparcida por un metal que brillaba”, relata Francisca recordando como su hijo de 5 años traía en sus pequeñas manos el mercurio, que había ido guardando “en chapas de gaseosa”.

“Todo el pueblo había salido y lo intentábamos coger con las manos, pero se esparcía por la pista, así que la gente fue a sus casas a coger cucharas para recogerlo”, relata. “No sabíamos lo que era, yo pensaba que era azogue”, una medicina tradicional que ella utilizaba para poner en el pecho de su bebé.

Fotografia: M. Laure Rodríguez Quiroga
“Al segundo o tercer día vinieron los de Yanacocha y dijeron que no era tóxico, que no mataba. Se colocaron en la plaza para recoger el mercurio”, según parece a cambio de algo de dinero. “Había niños que incluso lo recogían con la boca” y fascinados por el líquido plateado jugaron con él.

Cerca de mil personas fueron intoxicadas, el 40% de ellas menores de edad, y sufren aún hoy los graves y debilitantes efectos de la intoxicación. Hasta el momento, se calcula que se han producido 7 muertes. Aunque el mercurio líquido visible haya sido limpiado, los vapores que emanan pueden permanecer en el aire, condensándose y evaporándose con las subidas y bajadas de la temperatura, algo que se favorece en mayor medida por el clima de Choropampa.

Según la organización Mundial de la Salud cuando el mercurio elemental en forma de vapor es inhalado, aproximadamente el 80 por ciento del mercurio permanece en el cuerpo donde puede dañar los pulmones, riñones y el sistema nervioso central.

“Nos sentimos agotados, ya no podemos trabajar, no podemos caminar… Me desmayo, me caigo…”, se lamenta Francisca mientras que cuenta casos espeluznantes, de abortos espontáneos, de alergias masivas en una población que hasta ese momento era sana. Incluso, habla de casos de personas que caminan a gatas porque son incapaces de ponerse en pie. “Eso no había ocurrido nunca en Choropampa, nunca hemos escuchado una historia así, y todo fue a raíz del derrame del mercurio”.

Fotografía: M. Laure Rodríguez Quiroga

El día anterior a realizar esta entrevista, en este pequeño poblado a casi 3 horas de Cajamarca (la capital de la región), fallecía la séptima víctima del mercurio. Algunas mujeres, cuentan entre lágrimas cómo sus hijos recogían el mercurio en tazas, y una vez entregada la mercancia a Yanacocha, las lavaron y tomaron café de ellas, sin ser conscientes de su toxicidad, o tal vez, confiados en las palabras de los responsables de la empresa que aseguraron que no existía peligro.

En marzo del 2008 la Dirección Regional de Salud de Cajamarca tomó muestra de suelos de Choropampa e hizo un balance epidemiológico. El informe reveló que 7 de las 18 viviendas evaluadas estaban todavía contaminadas con mercurio. El 78% de los choropampinos declararon que padecían permanentes dolores de cabeza, el 45% visión borrosa, un 42% fatiga, 33% parestesia en miembros superiores, y un 27% mareos. Todos, síntomas asociados a la contaminación por mercurio.

Después del derrame, 935 personas presentaron niveles de mercurio por encima del máximo recomendado, estimado en 20 microgramos por litro. Hubo personas que alcanzaron niveles de 135 microgramos por litro, o quienes quedaron en estado vegetativo, como fue el caso de Luisa Arribasplata, enfermera del puesto de salud y cuya indemnización, 350.000 soles poco servirán para devolverle a su estado de normalidad.

Mientras tanto, el pueblo, 12 años después sigue reclamando justicia y entre llantos de dolor, ayuda para medicinas.

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