Revolución por la dignidad. Superando la gobernanza mundial

La codicia humana queda registrada en los largos siglos de historia, donde un evidente hambre voraz por el poder ha permitido el desarrollo de dominios sin límite. La violencia, ha sido la herramienta privilegiada para la conquista del mundo, perpetuando su poder y codicia. Innumerables son, los ejemplos que proliferan a lo largo de siglos y generaciones.

Maquiavelo, reconoció que “es natural que los príncipes deseen su poder”. Aun así, la tarea es complicada. El abanico de naciones, culturas, religiones e ideologías hacen prácticamente imposible imponer una hegemonía mundial, al 100%. Siempre existirán excepciones, que a pesar de los esfuerzos del Poder, se rebelarán ante la imposición.

Un claro ejemplo de esta sublevación se aprecia ante el caso estadounidense, donde su imperio, a pesar de controlar el 50% de la riqueza mundial, sigue encontrándose fuertes reticencias en otros puntos del planeta. De nada parece importar que la mitad del dinero existente en el mundo sea en dólares, ni que su presupuesto militar sea muy superior al de todos los demás países en conjunto, ni que el idioma trasversal de comunicación a escala mundial sea el inglés. EE.UU. no ha conseguido aún adueñarse del planeta y las expectativas futuras parecen mostrar más su decadencia que su esplendor. Son cada vez más evidentes las muestras de rechazo hacia este imperialismo agresivo, destructor y excluyente.

Todos los indicios apuntan a una realidad histórica, caracterizada por un modelo político que despoja a las naciones de su soberanía para configurar un sistema de gobernanza mundial tendente a la uniformización cultural, una huella ecológica degradada y una precarización de los derechos sociales. Un gobierno mundial, que desde la sombra ha venido manejando los hilos de la alta política y las finanzas internacionales, utilizando cuantos medios le sean posible para dominar.

El Papa Pio XI afirmaba en 1931 que un “poder inmenso y una despótica dominación económica están concetrados en manos de unos pocos. Este poder deviene particularmente irresistible cuando es ejercido por los que, controlando el dinero, gobiernan el crédito y determinan su concesión. Ellos suministran, por así decirlo, la sangre de todo el cuerpo económico, y la retiran cuando les conviene: como si estuviera en sus manos el alma de la producción de manera que nadie ose respirar contra su voluntad” (Encíclica “Quadragesimo Anno”, promulgada el 15 de mayo de 1931).

Por eso, las revoluciones que se están sucediendo en estos últimos años en la esfera mundial, no son más que el despertar de una demanda por la dignidad. Ante una democracia derrotada, donde el poder privado se ha impuesto por encima de los poderes públicos, la ciudadanía se opone y comienza a ejercer resistencia.

Lejos de un Estado al servicio del pueblo, nos enfrentamos a modelos de deslocalización de las grandes corporaciones, al desmantelamiento del Estado de Bienestar y a una libertad prostituida al servicio del Estado, sometido e incluso alienado. Nos enfrentamos a lo que podría nombrarse como el “Síndrome de Alienación Capitalista”.

Y es así, que ha llegado la hora del despertar, de una verdadera revolución por la dignidad que acabe con el sistema capitalista que ha dejado como herencia todo un entramado de violencia, de pobreza, de destrucción de recursos naturales, de desigualdades o de corrupción. Cobra fuerza la idea de que puede y debe sustituirse el sistema capitalista, porque es contrario a la paz, al bienestar, a los derechos sociales, a la democracia participativa, a la protección de la naturaleza y el entorno.

Las actuales revoluciones, no son más que una cita pendiente con la democracia, el renacer de sociedades libres y abiertas.

Publicado en Webislam

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