¡Eh tú!, fornicadora

Desde que en el año 1995 se celebrara en Pekin la Cuarta Conferencia Mundial de las Mujeres, se ha venido denunciando que los obstáculos principales para alcanzar la igualdad real entre mujeres y hombres son el capitalismo neoliberal y los “fundamentalismos” religiosos. Dos brazos de indudable poder que se enraízan en las bases del patriarcado para someter a las mujeres.

Nareyeh Tohidi alarmó en el foro de Beijing 95, la gestación de lo que definió “la alianza religiosa conservadora islamo-católica contra los derechos de las mujeres”, iniciada por el Vaticano para conseguir movilizar a varios Estados en la involución de los derechos de las mujeres, algo de lo que en el Estado español se puede hablar con claridad.

Nadie puede negar a estas alturas que el sistema patriarcal-capitalista ha irrumpido por completo en las estructuras de las comunidades musulmanas, apreciándose a su vez claras injerencias del catolicismo más ortodoxo, no solo en los discursos sino incluso en el intento de generar estructuras jerarquizadas de poder, donde las mujeres quedan apartadas de la forma más radical posible.

Y es aquí, donde emergen estudiosos del islam (hombres) para adueñarse de los textos islámicos y legitimar desde sus interpretaciones personales la violencia hacia las mujeres, sea en la forma que sea. Erigidos como los guardianes de la Verdad revelada, toman cualquier pasaje del Corán o dicho del Profeta Muhammad para validar su visión mutiladora. Estos individuos que hablan en nombre del islam lejos de traer la justicia, estructuran unas formas de opresión y control del género femenino violando taxativamente el espíritu de la esencia islámica.

Considerar a las mujeres como las causantes del mal y responsables de la falta de autocontrol de los instintos sexuales masculinos, suponen una forma más de violencia hacia las mujeres y en consecuencia una corrupción absoluta del Corán y de la Sunna. Utilizar el lenguaje cargando palabras y mensajes incendiarios que muestran una clara falta de respeto a las mujeres y a su libertad, se alejan por completo del modelo de dignidad, excelencia y benevolencia con la que el Profeta Muhammad se dirigía a las mujeres: “Solamente un hombre noble trata a las mujeres de forma honorable. Únicamente un hombre sin honra trata a las mujeres de forma indigna” .

Cualquier persona que se defina a sí misma musulmana, y así lo proclame públicamente debe asumir que la defensa de la justicia social y en consecuencia la justicia de género,  viene implícito en el islam. De la misma forma que vivir en el Estado español implica ser responsable con la Ley de Igualdad y la Ley contra la violencia de género donde se establece claramente la prohibición de hacer apología que discrimine y potencie las desigualdades entre los hombres y las mujeres, aspectos claramente en consonancia con el islam.

Cierto es que la diversidad de opinión es una Rahma de Allah y que el din es el mismo para todas las personas, sin hacer distinción de sexo, género o cultura. Trabajar por la Unidad entre la Umma musulmana es un imperativo a desarrollar con urgencia en momentos donde la islamofobia es utilizada para debilitar las comunidades, pero pretender respetar la controversia y la provocación de quienes utilizan el Corán y las palabras del Profeta Muhammad para tergiversarlos o distorsionándolos es un grave error que rompe por completo el equilibrio del conjunto de las comunidades musulmanes. Es repudiable e indefendible, y por lo tanto debemos mostrar nuestra más enérgica repulsa a quienes utilizan el islam como paraguas protector de las injusticias de género.

Por ello, precisamos con urgencia descolonizar el islam, descatolicalizarlo y descapitalizarlo. Solo asi, trabajando desde la Unidad se podrá defender los derechos legítimos de la Umma musulmana, en especial de las mujeres quienes desde hace siglos han venido sufriendo una usurpación y violencia que destruye la capacidad del género femenino para desarrollarse.

 

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