La fiesta islámica del sacrificio, un suplicio

Amanda Figueras (El Mundo) – 15/10/2013 . “Vivir en una sociedad en la que no se reconoce a nivel práctico los acuerdos establecidos entre el Estado español y las comunidades musulmanas implica que no puedes celebrar en igualdad de condiciones las fiestas islámicas”. M. Laure Rodríguez, activista y pensadora del Feminismo Islámico contemporáneo, se quejaba así unos días antes del Eid al Adha -fiesta del sacrificio-, que los musulmanes celebran entre el martes y el miércoles -según el país-.

El acto más significativo de dicha celebración es el sacrificio a manos del cabeza de familia de un animal, por lo general un cordero, de cuya carne se harán tres partes: una para los pobres, otra a la familia o amigos, y el último tercio restante es para aquél que lo realiza.

El sacrificio simboliza la victoria de la confianza en Dios frente a las dudas recordando la historia del profeta Abraham, quien según el islam en el Valle de Mina, cercano a la ciudad santa, accedió a matar a su propio hijo como muestra de su amor por Dios, que puso finalmente en su lugar a un animal.

Pero, en términos prácticos, las normas sanitarias lo hacen casi imposible en España. “Lo normal, es que el cabeza de familia sacrifique el cordero él mismo, pero como no podemos dado que no hay ley que nos lo permita, como en Francia por ejemplo, pues traemos el cordero que ya hemos encargado días antes al carnicero (halal)”, explica Sarah Terbaoui, una joven de origen marroquí residente en España desde los cinco años. Otras familias musulmanas optan por utilizar el dinero que costaría el animal para donarlo a familias necesitadas a través de ONG.

El Eid al Adha tiene lugar, aproximadamente, dos meses y 10 días después del final del ramadán, el mes en el que está prescrito el ayuno diurno para los musulmanes. Los creyentes practicantes que no están haciendo la peregrinación a La Meca, donde se siguen unos ritos particulares, lo celebran acudiendo a una oración comunitaria en la mezquita y después comiendo y visitando a los familiares. “Mi madre y yo preparamos la comida. A la hora de comer acude toda mi familia a casa, mi madre es siempre la anfitriona en los Eid (fiestas). Por la tarde vamos a visitar a los amigos para felicitarles”, resume Terbaoui.

El problema, dicen los musulmanes, es que muchos no pueden faltar al trabajo. Sólo en Ceuta y Melilla en 2010 empezó a ser éste un día festivo, pero aún así es complicado: “La celebración del XX Aniversario de la firma de los Acuerdos de Cooperación ha puesto de manifiesto el precario desarrollo de los mismos. Necesitamos con urgencia un cambio de posturas, tanto a nivel interno como externo. Un Estado que se llama así mismo democrático no puede seguir excluyendo a los grupos minoritarios que tienen un reconocimiento de notable arraigo desde hace más de mil años. Si no se normaliza el islam como parte integrante de esta sociedad, la mayor parte de la ciudadanía musulmana seguiremos celebrando esta festividad en el trabajo o el colegio, en vez de en comunidad como debería de ser”, subraya Rodríguez.

La joven de Tánger dice entender las críticas de quienes ven en esta fiesta algo “salvaje”. “Es difícil para una persona que no conozca qué es el islam, por eso soy la primera que invito a todos a que antes de criticarlo lo conozcan. En el sacrificio islámico se mata al animal de la manera que menos sufrimiento causa”, asegura.

El sacrificio islámico (igual que el ‘kosher’ de los judíos) incluye el degüello sin aturdimiento previo, un asunto que despierta críticas sobre el sufrimiento animal, lo mismo que las técnicas para aturdirles también son puestas en entredicho.

Hay informes a favor y en contra de este modo de matar a los animales, aunque tanto para los musulmanes como para los judíos, las normas ponen un especial énfasis en la necesidad de hacerlo de la manera menos perjudicial para el animal. Por ejemplo, se insiste en que el cuchillo debe estar muy afilado y que el animal debe ser tratado suavemente. Se pide, por ejemplo, que unos no vean la muerte de los otros.

“En mi familia ha estado presente desde generaciones atrás la matanza del cerdo. Para mí, ya son dos términos, ‘sacrificio’ y ‘matanza’, que indican una distancia abismal (sin entrar en valoraciones del tipo de carne que es). Hay una serie de discursos simplistas y reduccionistas de la realidad. La manera en cómo vive cada persona musulmana el sacrificio de un animal es muy diversa. También existe población musulmana vegana o quienes optan por no comprar carne que proceda de explotaciones agrarias, sino de iniciativas ecológicas. Sin embargo, eso no se refleja”, añade Rodríguez.

 

Publicado en El Mundo

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