Sospechosos por su fe

sospechosos por su fe.001

Amanda Figueras | Vídeo: Daniel Izeddin

El recuerdo de aquel día les revuelve como a cualquiera, y coinciden en que las primeras noticias de que un grupo de «supuestos musulmanes» estaba detrás de la masacre fue todo un mazazo. Diez años después del 11-M, EL MUNDO recupera el sentir de los musulmanes en España y analiza cómo aquellos acontecimientos influyeron en una comunidad que no ha parado de crecer.

Sospechosos por su fe

Los atentados terroristas del 11-S en Estados Unidos y, sobre todo, los de Madrid en 2004 fueron un punto de inflexión en cuanto a la atención mediática respecto a los musulmanes. Pese al indiscutible legado histórico de la época islámica en la Península, en España la mayoría no había prestado atención alguna a una realidad a la que generalmente sólo se podían acercar a través de los inmigrantes.

Parecía que el islam era algo foráneo, lejano, etéreo. En el imaginario colectivo nacional se mezclaban imágenes de harenes y sensuales mujeres veladas con las de hombres sanguinarios y bravos como los de las historias de la Guardia Mora de Francisco Franco. Sendos trágicos atentados añadieron dos elementos a la esa amalgama de ideas preconcebidas: el islam está aquí y el islam quiere acabar con nosotros.

A partir de entonces, según el sentir de los muchos musulmanes consultados para elaborar este reportaje [VEA EL VÍDEO ARRIBA], pasaron de ser sólo «unos desconocidos» a ser «unos sospechosos desconocidos».

Los medios de comunicación comenzaron a publicar artículos sobre ‘La España que reza a Alá’, aportando los números oficiales de una comunidad puesta bajo la lupa; las televisiones colocaban sus cámaras enfrente de locales preparados como oratorios y emitían las entradas y salidas de los musulmanes, marroquíes y sirios en su mayoría.

Muchos recuerdan con angustia el peso de las miradas escrutadoras, de rechazo fundido con miedo. Por aquel entonces, ser musulmán y llevar una mochila podía ser el desencadenante de un problema. Para algunos es comprensible y justifican la violencia aislada que tuvo lugar tras los atentados.

En Estados Unidos, las agresiones contra musulmanes aumentaron un 1.700% a causa de los ataques terroristas del 11 de septiembre, según datos de la organización de defensa de derechos del hombre Human Rights Watch. En 2001 se registraron 481 ataques contra musulmanes mientras que en el año anterior se habían producido 28. En España, según datos de la Dirección General de la Policía y de la Guardia Civil, entre enero de 2004 y mayo de 2005, hubo 30 agresiones que podrían describirse como «antimusulmanas».

En esas cifras se recogían, entre otros, el asesinato del marroquí Azzouz Housni en El Ejido (Almería), ataques a musulmanes en Zaragoza, Madrid, Algeciras o Beniajan (Murcia), actos vandálicos por parte de un grupo neonazi contra una mezquita en Reus (Tarragona) y otro similar en Cartaya (Huelva).

Tras los atentados del 11-M, la comunidad musulmana expresó su miedo a que los ataques contra ellos se convirtieran en algo habitual. Sin embargo, y aunque hubo algunas denuncias en los meses posteriores, no existe un registro oficial que pueda dar pie a estudios cuantitativos para concluir si creció o no la islamofobia en España, un hecho denunciado entonces desde Casa Árabe y que por el momento no ha mejorado.

Pese a todo, la sensación general entre la comunidad islámica en España es que en su mayoría los ciudadanos no musulmanes fueron capaces de diferenciar entre aquel grupo terrorista que decía ser musulmán —insisten en que alguien que mata a inocentes no es un musulmán— y el resto.

Cuentan que, de alguna manera, la tensión tras los atentados les ‘obligó’ a darse a conocer a los demás y que ello ha sido positivo a largo plazo; aunque también hay quien se queja amargamente de tener que estar siempre dando explicaciones sobre algo evidente: el terrorismo no tiene religión.

El racismo y la discriminación hacia los musulmanes persisten ahora como hace 10 años. Expertos en la materia alertan de que la reducción de fondos para trabajar en la diversidad deja abierta la puerta hacia la radicalización.

Los musulmanes en España son ahora muchos más que antes pero, aún así, sienten que no han avanzado en derechos ni en visibilidad. La denuncia sobre el incumplimiento de los Acuerdos firmados en 1992 entre el Estados español y las religiones de notorio arraigo (judíos, musulmanes y evangélicos) es una constante cantinela que sigue cayendo en saco roto.

En 2012 había registrados en España alrededor de 1,6 millones (1.595.221) musulmanes, según el Observatorio Andalusí, organismo autónomo de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE). Esa cifra supone casi la población de Málaga (1.641.098). De ellos, 464.978 eran españoles. Es decir, más que la población de Albacete, Álava, Ávila, Burgos, Cáceres, Cuenca, Guadalajara, Huesca, Lleida, Lugo, Orense, Palencia, La Rioja o Salamanca, por ejemplo.

La sensación entre los musulmanes es que siguen relegados y sus necesidades rara vez son atendidas. Se quejan de que su realidad, la de una mayoría moderada, integrada y activa, es silenciada por una minoría violenta a la que sí se escucha.

Publicado en El Mundo

Anuncios