Vivir en la periferia del islam: M. Laure Rodríguez Quiroga, un ejemplo a destacar Leer Más: Vivir en la periferia del islam: M. Laure Rodríguez Quiroga, un ejemplo a destacar

¿Cómo reaccionas al escuchar la palabra islam? No lo negarás. Normalmente, vienen demasiadas imágenes negativas. Los medios de la comunicación ya se han encargado de darnos noticias sobre delincuencia, barbaridad, violencia, discriminación, sumisión, etc. Pero ¿en cuántas ocasiones nos ofrecen ejemplos positivos? Prácticamente, nunca.

Así que cuando frente a tí hay una persona musulmana, ¡zas! aparece la reacción de  intentar corroborar lo que nos han contado que tiene que ser. Vaya, que no vamos a negar que a veces lo encontramos. Al típico machista, la mujer velada, el maltrato o lo que sea que nos despierta la luz del prejuicio. Presuponemos que es así y nos ponemos a buscar como sabuesos cualquier pequeño indicio que nos diga que sí, que estamos en el acierto.

Pero ¿qué ocurre cuando te encuentras frente a una persona que se escapa de ese molde? Que no das crédito a lo que ves y te preguntas ¿qué hace una persona como tú en un sitio como ese? ¿Y si además de eso, es converso? Sentirás perplejidad, no paras de preguntarte qué ha visto en una religión como esa ¿y por si fuera poco, fuese mujer? Intentas buscar qué explicación le puedes dar. ¿Será cierto que está maltratada y está encerrada en un mundo que la ha anulado psicológicamente? Seguro que se ha hecho musulmana por amor, porque su pareja, un inmigrante marroquí claro es, le ha obligado a hacerlo… Lo que haga falta para que entiendas cómo una mujer que ha nacido en un contexto de derechos como este, es capaz de someterse a una fe que oprime a las mujeres ¿y si además dijese que es feminista?  Se te da por pensar que aunque ella lo niegue, está alienada y no es dueña de lo que dice. A veces, se llega a sentir una especie de traición. No será la primera vez que se escucha que “¿después de tantos años de lucha van a venir éstas a retroceder en derechos?”, hasta yo misma he llegado a pensar algo así. Porque pones cara a todas esas imágenes de sometimiento, maltrato, analfabetismo, silencio, etc. Y a veces te empeñas en buscar tanto que no eres capaz de ver, libre de esos velos que te cubren los ojos. Te empeñas tanto en el objetivo que te has marcado, que no te das cuenta que existe un mundo que vive en la periferia del islam, o por lo menos en la periferia de ese islam que te han vendido.

Si alguien te pidiera que dieses el ejemplo de musulmana a destacar, es seguro que te quedarías un buen rato pensando y sacarías a relucir el nombre alguna feminista árabe. Ya tenemos alguna. Fatima Mernissi, Nawa el Saadawi o Wassila Tamzali. Como mucho, haces reflexión de las revueltas árabes y el papel que han jugado las mujeres. Pero nombres y su protagonismo prácticamente ninguno ¿será verdad que no hay? ¿y por qué solo árabes?, ¿y qué ocurre en España?, ¿qué pasa con las musulmanas que viven entre nosotras? Te das cuenta de que prácticamente no encuentras ninguna con la que te sientas identificada. Posiblemente cuando piensas en lo que conoces de tu entorno, ves más lo que se identifica con el estereotipo porque buscas corroborarlo, y prejuzgas a cualquier musulmana o porque directamente son tan escasas que no las encuentras.

Yo ya tengo el nombre de una que destaca del resto, al menos para mí, M. Laure Rodríguez Quiroga (https://mlaurerodriguezquiroga.wordpress.com/). Creo que la mira cambia cuando conoces en persona a ese nombre, que has acostumbrado a ver a través del papel en un libro o periódico, o de la pantalla del ordenador, en un texto, vídeo o perfil de las redes sociales. O por lo menos ya tiene algo en común contigo. Es de tu mismo país. Es más accesible en textos, porque escribe en tu mismo idioma, porque aparece en los medios de comunicación españoles, porque la puedes escuchar en una conferencia y ya es de carne y hueso. Porque la encuentras en algún congreso y la identificas por las fotos que has visto. A mí personalmente si me influye porque habla de cosas que pasan en el mismo país en el que vivo y lo explica en un lenguaje que es accesible, sin que te sientas agredido. ¿No te ha pasado nunca encontrarte con la idea del proselitismo? Hay veces que te encuentras con un lenguaje religioso que no tiene nada que ver con tu vida, es más puede que rechaces el católico o de cualquier otra religión porque eres atea “¡y bastante hemos luchado en este país para que vengan éstas a retroceder en derechos!”. Todavía siguen las secuelas del franquismo y el rechazo a la religión.

Y es verdad que rechazamos tanto la religión, que cualquier cosa que apeste a eso, lo rechazamos directamente. Nos negamos a escuchar. Una vez la escuché decir “negar nuestra existencia es repetir el mismo esquema patriarcal contra el que se supone que llevamos años de lucha. Lo que no se nombra, no existe. Si no se nos nombra, es como si no existiéramos”.

Sin pelos en la lengua, crítica y autocrítica. Escucharla te permite reflexionar, te desmonta infinidad de tópicos. Con un discurso estructurado, preparado y trabajado. Un monstruo mediático que es capaz de tomar el control de un debate en el que esté ella frente a 6 contertulios que la quieran lapidar con sus ideas preconcebidas. Alguien que explica las cosas con una lógica tan aplastante que te niegas a verla como una mujer irracional que sigue las directrices de una fe de forma ciega.

La primera vez que coincidí con ella, fue hace muchos años, en los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf (Argelia). Ni sabía quién era, ni lo supe hasta pasado tiempo. Pero sí recuerdo el impacto que me produjo escucharla en mitad de un debate. Se levantó una jovencísima mujer que confesó sentirse profundamente incómoda en aquel espacio dirigiéndose a políticos españoles, que le resultaba una hipocresía encontrarse a gente que apoyaba al pueblo saharaui, pero que a la vez, realizaba negociaciones con Marruecos en materia de pesca (en el banco de pesca saharaui), el país que tiene oprimido al pueblo saharaui. “Yo no quiero formar parte de esta hipocresía”, dijo. Acto seguido cogió sus cosas y se marchó. No volvió a aparecer en ninguno de los actos del resto de días. Confieso que aquello me dejo con la boca abierta, flipando por lo que había dicho, pero sobre todo por las agallas de levantarse y decirlo con tanta convicción.

Años más tarde la encontré en la televisión, en un debate sobre prostitución. La reconocí enseguida, por la fuerza de su discurso. Allá se encontraba, denunciando la hipocresía de los periódicos y de las cantidades de dinero que ingresaban por las páginas de contactos. Animaba a los espectadores a hacer un acto de desobediencia civil y dejar de comprar periódicos que tuviesen sección de contactos, de lo contrario nos convertíamos en cómplices de la trata de mujeres y de la prostitución.

A partir de ahí, seguí sus pasos, leía sus artículos, sus reflexiones, sus apariciones públicas observando a una activista y pensadora que posiblemente no obtenga el reconocimiento que merece porque no sigue el discurso dominante, el que rechaza el hecho religioso. Negar su labor me resulta una aberración a nuestros propios esquemas feministas porque no estamos reconociendo el duro trabajo que realizan. Sobre todo, porque hablan más allá del tema religioso y promueven una forma de vida diferente al que tienen. Y eso nos incluye a las no musulmanas y la forma en cómo las tratamos.

Tengo claro que sigo estando convencida de mi ateísmo, pero entiendo que existen otras formas de pensar y que tenemos que dejar paso a las personas que se encuentren en la periferia de nuestro sistema e incluso del suyo propio, en la periferia del islam. Ya va siendo hora de dar voz a las que la tienen, o como repite Laure “dejar de ser objetos pasivos de estudio para convertirnos en sujetos de participación, en igualdad de condiciones”.

Publicado en Nurain Magazine
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