#YoVoy7N, nos queremos vivas

Las violencias machistas son esa lacra que no entiende de fronteras. Son el terrorismo que carece de interés, ese que no mueve mar, tierra y aire hasta conseguir cambios legislativos que ayuden a combatirlo con contundencia. Este terrorismo nos recuerda que nuestras sociedades están impregnadas de una estrategia dirigida a perpetuar la dominación de las mujeres, en su expresión más extrema.

Históricamente no ha habido demasiado interés social, político y jurídico sobre la violencia hacia las mujeres. En España, tampoco.

El 17 de diciembre de 1997 Ana Orantes fue quemada viva por su exmarido, en la casa que compartían por imposición judicial. Su historia fue diferente. Trece días antes de su asesinato, se plantó frente a las cámaras de televisión y contó su historia de maltrato durante los 40 años de matrimonio. Ana puso cara a una realidad social que campaba libremente, sin que se prestara demasiada atención.

Ana nos dejó algo más que un número en una estadística que ni siquiera existía. Su asesinato, conmocionó a la opinión pública y cambió la percepción social sobre la violencia machista. Primero se modificó el Código Penal y en diciembre de 2004 llegó la ansiada Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género  justificada por el primer cómputo oficial de víctimas mortales de violencia de género, en el año 2003. Se registraron 71 asesinatos.

Quince años después de la Ley, más de mil mujeres han perdido la vida de forma violenta.
Según los datos oficiales en lo que va de año 41 mujeres han sido asesinadas. Feminicidio.net registra 84 feminicidios y asesinatos de mujeres cometidos por varones.

A pesar de las cifras, parece que la violencia machista no está tan presente en las agendas políticas. Durante el periodo de las vacas gordas, un Ministerio de Igualdad nacía con el imperativo de erradicar la violencia hacia las mujeres. Dos años después llegaron las vacas flacas, y con ellas el cierre del Ministerio, en pleno repunte de la violencia.  Y así han ido sucediendo recortes presupuestarios dirigidos a combatir esta realidad, que debería ser catalogada como pandemia mundial.

Cada asesinato de una mujer es un fracaso político y social. Nos queremos vivas.

 

Publicado en Alkalima

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