Me duele La Vasallo

El escenario de Colonia ha dibujado una ola de agresiones que ha expulsado, una vez más, a las mujeres al destierro para alcanzar sus derechos legítimos. Y no, no me refiero exclusivamente a quien es agredida sexualmente (y relegada a un segundo plano en el objetivo mediático), sino a cualquier mujer que es atacada impunemente ante su ejercicio de libertad de pensamiento y expresión.

Así fue como, tras publicar Vienen a violar a nuestras mujeres, Brigitte Vasallo –compañera en Red Musulmanas– se convirtió en el blanco del odio y la violencia de quienes dicen defender los principios y valores de la civilización europea.

“Fea, gorda, guarra, demonio, bollera, reprimida, femigrulla, la patada en la boca la estás pidiendo a gritos, chocho seco, ni con mil de esos follarías, te dejes violar, a ti no te violarían, eres un orco…”. Estos fueron algunos de los calificativos bajo los que se sustentaban sus argumentos para defender los principios y valores de nuestra sociedad. Una masiva respuesta de personas encolerizadas exigiendo que los agresores (“norteafricanos”, “refugiados” y “musulmanes”, es decir, “el otro exterior”) respeten unas costumbres aún sin definir, como si la violación o violencia hacia la mujer fuera algo ajeno a nuestra realidad.

En definitiva, como expresó la propia Brigitte en Twitter: “Cientos de hombres blancos organizados para amenazarme, clamando que jamás cientos de hombres blancos se organizaron para atacar a mujeres”.

No hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que se niega a escuchar. La violencia hacia las mujeres es una realidad cotidiana que nos afecta en los distintos espacios en los que nos desenvolvemos. En cualquier parte del mundo. Su expresión más violenta la conocemos bien: el asesinato de mujeres (la vergüenza del Estado de derecho), aunque en su cotidianidad mil y una consignas dan muestra del largo trabajo que aún nos queda por hacer en materia de igualdad.

La islamofobia es la excusa perfecta para el machismo o, mejor dicho, son distintos brazos de una misma cabeza que se escuda en el patriotismo para seguir lanzando a la palestra a las mujeres y, desde ahí, lapidarlas una y otra vez, hasta que mueran, hasta que desaparezcan, hasta que dejen de expresar públicamente las contradicciones de nuestra sociedad. Da igual si son musulmanas o no. Luchar contra los delitos de odio es suficiente para convertirse en objetivo y, por lo tanto, en víctima de quien utiliza el cuerpo de la mujer para justificar sus fines y de quien utiliza el machismo para repudiar el islam.

Me duele La Vasallo. Me duele Natalia Andújar. Me duele Amanda Figueras. Me duele Fátima Aatar. Me duele Imane Rachidi. Me duele Amparo Sánchez Rosell. Me duele Mayda Daoud… Me duele por todas aquellas mujeres que son utilizadas como el chivo expiatorio sobre las que verter sus soflamas machistas e islamófobas, incluida yo misma.

 

Publicado en Alkalima

 

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