Laure Rodríguez en Geaphotowords

Este 21 de octubre se inaugura en Madrid el IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico, organizado por la Unión de Mujeres Musulmanas de España (UMME). Su presidenta, María Laure Rodríguez Quiroga, una trabajadora social española que se convirtió al Islam hace 10 años, asegura que el feminismo no es incompatible con esta religión que practican en el mundo 1.500 millones de personas, el 80% de ellas en países con regímenes democráticos. Su reto es conseguir que Occidente se “quite las gafas” y deje de juzgar a la mujer musulmana poco más que por su vestimenta.

 

Por JUAN CARLOS DE LA CAL, miembro de GEA PHOTOWORDS

Se puede ser mujer, se puede ser musulmana, se puede ser feminista y se puede ser activista de todo lo anterior a la vez sin necesidad de vivir en una sociedad utópica. La española María Laure Rodríguez Quiroga, por ejemplo, no ha tenido que irse a otro planeta para dar fe de ello. Es la presidenta de la Unión de Mujeres Musulmanas de España, UMME, coordinadora de la Red de Mujeres Musulmanas “An Nisa” y directora de la consultora intercultural Torre de Babel. Pero, ante todo, es una de las más prestigiosas teóricas del feminismo islámico contemporáneo.

Tiene 35 años, un hijo, está casada con un musulmán español y divorciada de uno magrebí. Lleva casi dos décadas ganándose la vida como trabajadora social tocando temas como la prostitución, el tráfico de mujeres, la inmigración, el abuso de menores, la drogadicción y todo lo que afecta a la multiculturalidad. Además es fotógrafa, viajera y ha vivido en Nicaragua, Costa Rica y Marruecos. Se convirtió al Islam hace 10 años y, desde luego, quién espera ver en su atuendo, forma de hablar o mirar algo esencialmente diferente a cualquiera de las mujeres que pasean cada día por nuestras calles está muy equivocado. María Laure es un ejemplo de integración y libertad desde la normalidad de una mujer del siglo XXI.

 

Con este perfil tan intenso uno se pregunta que pinta una mujer como usted en una religión como ésta. ¿Cómo ha sido ese viaje entre dos mundos tan aparentemente contradictorios?Mis padres son gallegos de pura cepa, emigrados a Francia en la posguerra para buscarse la vida. Y, por supuesto, católicos, apostólicos y romanos. Desde pequeña mi madre me inculcó el feminismo de manera directa. Quizá porque vivía en Paris, que era una sociedad muy liberal que contrastaba con el oscurantismo de España. Estudié en un colegio de frailes, fui a la universidad, milité en colectivos de izquierdas, viajé mucho…

Mi acercamiento al mundo musulmán vino cuando comencé a trabajar con inmigrantes marroquíes. Me llamó mucho la atención su insistencia en hablar sobre la igualdad y la libertad de la mujer en el Islam, algo que yo no veía de ninguna manera desde mi trabajo. Y mi curiosidad me llevó a acercarme a su cultura para ver si era verdad lo que me decían.

 

Imagino que su mente estaría más abierta que la del resto de la gente para asumir un trabajo así.

La verdad es que cuando empecé ese acercamiento, iba cargada de los estereotipos y conceptos negativos típicos que rodean a esta religión: que si el Islam oprime a las mujeres, que no es democrática, que los musulmanes odian a los cristianos… Pero luego cayeron en mis manos unos textos egipcios sobre el feminismo islámico y se me abrió otro mundo totalmente diferente al que pensaba. Fue como una caída del caballo en toda regla.

 

No puedo evitar hacerle la pregunta del millón: Entonces, ¿se puede ser feminista y musulmana a la vez?

Por supuesto que sí. Lo primero es que, para acercarse al Islam, hace falta quitarse la gafas occidentales. Nuestra visión unívoca quiere salvar a la mujer musulmana porqué da por sentado que el Islam oprime a la mujer. No salimos del cliché de la mujer víctima y del hombre victimario. Que existe, claro que hay que denunciarlo, pero no se puede pensar que todos los 1.500 millones de musulmanes del mundo piensan así cuando el 80% vivimos en sociedades democráticas. El Islam no es Iraq o Afganistán. Es mucho más que una mujer tapada y humillada. Hay que diferenciar entre la teoría del Islam y la práctica. Están muy alejadas una de otra. Yo aclamo la parte teórica, que es lo que tiene que ser y tiene cabida con ser un buen musulmán. En España, concretamente, donde vivimos más de 500.000 musulmanes, estamos anclados en la visión oscurantista de ver a la mujer islámica sólo a través de su vestimenta.

 

¿Fue muy difícil para usted tomar la decisión de hacerse musulmana?

Mi vida no cambió porque lo hice de forma gradual y no hubo nada de radical al asimilarlo poco a poco. Sigo teniendo a mis amigos de siempre y hago una vida normal con ellos. Y eso que la mayor parte son ateos. Pero nos respetamos y esa es la base de todo. Mi madre, en cambio, no lo acepta. Pero yo tengo que seguir mi camino.

Mi experiencia de entrada al Islam fue traumática porque lo hice a través de un grupo fundamentalista. Tomé la Sahada en Huesca. Estuve encerrada 18 horas con un grupo de mujeres que me querían inculcar cosas como que estaba prohibido trabajar, estar todo el día en casa, totalmente tapada, etc. Aún así decidí seguir adelante y esta experiencia me dio fuerzas para luchar a favor de la mujer islámica. Luego, decidí dejar a esa gente y me acerqué a un grupo mucho más progresista, el que forma la Junta Islámica, que me ayudaron mucho porque ellos han hecho totalmente compatible la espiritualidad, la democracia y el feminismo. Para mí el Islam no es una religión, sino una forma de vida totalmente lógica en la que la religión sólo es una parte de esa vida.

 

Entonces, estas ideas no son tan innovadoras como parecen desde fuera.

El Corán nombra hasta 30 veces la igualdad entre los hombres y las mujeres en en temas relacionados con el control de su propia sexualidad, su aparición en público, su permiso para trabajar, la separación de espacios, etc. Y esos términos son, precisamente, los que estudia el feminismo islámico que no es un fenómeno tan nuevo como se piensa la gente, pues en realidad comienza en Egipto en 1923, en la Alianza Internacional de Mujeres de Roma. En USA, Inglaterra y varios países asiáticos hay mucha presencia de este movimiento que ha alumbrado un nuevo tipo de feminismo secular representado por una mujer blanca, heterosexual, de clase media e intelectual. Fue un momento de inflexión porque, por primera vez, las egipcias se empezaron a preguntar si el Islam es la verdadera causa de sus males. Y, por primera vez también, entendieron que las razones tribales y costumbres ancestrales tenían mucho más peso en esa actitud machista que la propia religión.

¿Qué significa para España la celebración del IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico?

En primer lugar, el Congreso servirá para que mujeres musulmanas de los cinco continentes se encuentren para debatir sobre el futuro de la lucha por la igualdad de género en el marco del Islam. Este hecho por sí solo permite que España se haya convertido en una referencia internacional del feminismo islámico. Por otro lado, es necesario localizar las principales resistencias al feminismo islámico, tanto entre los musulmanes como entre los que no los son, y pensar formas de hacerles frente. Entre otras cosas nos preguntamos: ¿Qué posibilidades reales tiene este feminismo de modificar la situación real de las mujeres musulmanas en aquellos contextos en los cuales son discriminadas? ¿Cómo hacer frente a las pretensiones de autoridad (el autoritarismo) de las estructuras religiosas conservadoras? ¿Cómo hacer mella en el entramado de ideas, de costumbres y de tradiciones mediante las cuales se sustenta el patriarcado? Creo que es una oportunidad única para poder avanzar en estos campos y presentar a la mujer musulmana como lo que es realmente, no como la presentan en nuestro entorno.

 

Publicado en GeaPhtowords

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