Yihad vegano y el fin de Ramadán

Ha finalizado el mes de Ramadán. Treinta días envueltos de experiencias para las personas musulmanas que toman como base el yihâd, mejor conocido como esfuerzo. La alimentación, ha sido sin duda uno de los escaparates visibles del ayuno, o mejor dicho no visibles porque durante las horas de sol no se les ha visto comer. Cada atardecer ha traído una suculenta variedad gastronómica, tan diversa como personas musulmanas existen (1.800 millones) y entre ellas no podría faltar la cocina vegana.

Sí, cada vez es más notable la presencia de personas musulmanas veganas que realizan así su propia yihâd, no solo durante Ramadán. A fin de cuentas, el consumo de carne no es parte inherente del Islam y en el Alcorán se sostiene una actitud de respeto a los animales, humanos y no humanos, además de la responsabilidad para preservar los recursos del planeta. Lo que podría conocerse como yihâd vegano, un término acuñado por el musulmán estadounidense Sean Muttaqi.

El siglo XXI se presenta en una deriva difícil de seguir sosteniendo. Se produce y se consume por encima de las necesidades reales. Sólo en España se tiran a la basura 9 millones de toneladas de comida al año, los supermercados y fabricantes son los principales responsables, concretamente del 60% de los alimentos desaprovechados. Pero la ciudadanía no se queda atrás, cada persona tira a la basura 135 kg de comida al año. Si se junta la comida que se tira en Europa y Estados Unidos se podría alimentar a toda la población del mundo.

Tal vez se podría abastecer al 10,9% de la población mundial que carece todavía de los alimentos necesarios para disfrutar de una vida activa y saludable. O a los casi 200.000 menores en España que no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado cada dos días. En nuestro país uno de cada cuatro menores vive en situación de pobreza, y aun así se siguen recortando en comedores escolares que puedan garantizar al menos una comida diaria.

La explotación animal o de recursos naturales, como su propio nombre indica, queda alejada de los principios vertebrales del bienestar animal y sostenibilidad expresados desde la cosmología islámica. Pero también el veganismo que surge en personas musulmanas es una respuesta a la forma en cómo es tratado el animal hasta en su muerte, en un momento de tal trascendencia para el Islam como lo es el sacrificio de un animal.

La mera existencia de mataderos, como indica el nombre, hace poco viable cualquier sacrificio de una criatura de Allah. Es sacrificado porque le son reconocidos sus derechos, porque su muerte responde a una necesidad básica real para ser compartido con las personas más necesitadas. Sacrificar implica también producir de forma responsable, atendiendo a las necesidades reales. Pero parece que tampoco el mercado halal termina de satisfacer las demandas de alimentación cárnica de algunas personas musulmanas, que terminan adheriéndose al veganismo como una respuesta de cambio individual ante la oferta genérica.

Esta es el yihâd de cada vez más personas que se esfuerzan por conseguir un mundo más justo, equilibrado y sostenible. Un yihâd vegano para recordar que los animales son criaturas creadas por Allah y que merecen el respeto en su cuidado, protección, alimentación y sacrificio si se tiene que producir. Aid Mubarak.

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